La capacidad de perder el tiempo no depende de las horas que pasemos realizando una actividad. Muchas personas pasan buena parte del día redactando informes, actualizando balances de cuentas, realizando llamadas telefónicas a clientes, gestionando incidencias y contestando o enviando correos electrónicos. Sin embargo, y sólo por eso, nadie los acusaría de ser unos vagos o de convertir el trabajo en ocio. Otra cosa sucede si hablamos de medios sociales. De hecho, son muchas las empresas que deniegan el acceso a ciertas redes, limitan la descarga de archivos e incluso reducen la velocidad de acceso a internet para desanimar su uso. Pero lo que importa no es el tipo de actividad, sino la utilidad o el rendimiento que le damos a ésta.
En todas las formaciones sobre social media que he tenido la oportunidad de impartir en los últimos meses siempre he tenido que escuchar el comentario que encabeza esta entrada. “Cuánto tiempo pierde la gente en redes sociales”, me dicen cuando terminamos de repasar herramientas de monitorización, utilidades para gestionar diferentes perfiles sociales, así como redes y plataformas para desarrollar una presencia y una actividad de negocio en internet. La abundancia de posibilidades suele abrumar, pero lo que subyace es la sorpresa al descubrir un mundo de posibilidades infinitas mezclado con el agobio que provoca la sensación de imposibilidad de aprehender semejante universo en poco tiempo.







