Nuestro idioma está lleno de refranes que se adaptan que ni al pelo a las más variadas situaciones. “Cuando tus cosas más calles, menos públicas las haces”; “en boca cerrada no entran moscas”; “al buen callar llaman Sancho”; “quien calla, piedras apaña”. Parece que todos los conoce bien el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que ha optado por callar y delegar como tácticas de comunicación. Tanto es así que, desde que fuera investido en su nuevo cargo a finales de diciembre, va a dejar pasar casi dos meses, hasta febrero, antes de volver a comparecer frente al Parlamento para dar explicaciones sobre las primeras medidas adoptadas en la dirección del país. En rueda de prensa se le verá antes: el lunes 16, junto a su homólogo francés, Nicolas Sarkozy.
El pasado 30 de diciembre, tras el segundo Consejo de Ministros de la nueva legislatura, comparecían cuatro ministros del Gobierno, con Soraya Sáez de Santamaría a la cabeza, para anunciar un duro paquete de medidas económicas para atajar la crisis y cumplir con los objetivos de déficit acordados con la Unión Europea. Rajoy no acudió a la rueda de prensa para encabezar las explicaciones, y apenas se le ha vuelto a ver desde entonces, salvo en los actos de la Pascua Militar. Es cierto que los presidentes no suelen acudir a las ruedas de prensa posteriores al Consejo de Ministros de los viernes, pero se esperaba una excepción ante lo serio de los anuncios.





