Ahora que todos nos hemos hecho un hueco en este mundo de los medios sociales y podemos opinar sobre cómo los utiliza el resto, sacamos a pasear el látigo para fustigar a los que consideramos presuntuosos, falsos, vacíos y presumidos. Es un ejercicio que realizamos de forma regular, como el ritmo de la respiración: ahora critico, ahora me relajo, ahora critico, ahora me relajo… Así, de vez en cuando se pone de moda hablar de los gurús, de aquellos que van de sabios por la Red y no comparten conocimiento, sino que se venden a sí mismos y dialogan poco con los demás. Y si hay que poner a un gurú como ejemplo, acudimos a Enrique Dans, que para eso es de los más leídos en España. Leña al mono que es de goma.
Lamento decirte que lo de darle caña a Enrique Dans ya no es “trendy”. Al contrario. Sucede a intervalos regulares de tiempo, y viene pasando así desde hace, al menos, una década. Yo mismo me he sorprendido bromeando en privado con amigos, recriminando éste o aquél uso que hacía de Twitter, poniendo bajo tela de juicio el valor de cierta conferencia impartida en un evento del sector. Pero se acabó. Nada de lo anterior evita que no me caiga mal, y te contaré por qué desde un punto de vista periodístico.











