Medir el éxito de una campaña de Social Media es un reto porque no existe fórmula estándar para ello. Tenemos más instrumentos que nunca para contabilizar todos los parámetros que nos imaginemos, y somos capaces de recoger más datos que en acciones orientadas a medios no digitales. Aún así, seguimos errando el tiro. El problema no está en la regla, sino en lo que medimos. Por ejemplo: ¿tiene sentido basar el éxito en los seguidores que ganamos en Facebook si el objetivo es mejorar la reputación que tiene nuestra empresa? ¿No será más lógico que analicemos el “sentiment” o tono de los comentarios que los usuarios hacen sobre nosotros?
En Social Media, sin embargo, la tentación de medir al peso es muy grande. Nos quedamos con las grandes cifras: seguidores, número de publicaciones, reproducciones, fans, “me gusta”… Pero, ¿qué significa todo esto? ¿Significa que hablan de nosotros? ¿Y si miles de personas hablan mal, sigue siendo un resultado positivo? ¿Qué sucede si no hablan mal, pero lo hacen de algo diferente a lo que nos interesaba?





