Parecía que los medios y redes sociales iban a traer más transparencia e información a la sociedad. Parecía que las estrategias de comunicación de empresas, organizaciones y personalidades se adaptaría a un nuevo entorno en el que compartir se ha convertido en la palabra clave. Parecía, pero va a ser que no. Este año, hemos visto abundantes signos de la estrategia “Moonwalker”, esa que te lleva a dar tres pasos atrás cuando parece que estás avanzando y en la que sus usuarios se deslizan con agilidad y estilo hacia atrás mientras se quitan de en medio de los focos.
¿Cuántos directivos de empresas conoces que se han apuntado al carro de la “prudencia comunicativa”? Seguro que necesitas prestados los dedos de la mano del vecino para contarlos. No importa que, si tú no hablas, otros lo hagan por ti. Lo importante es sonreír a cámara sin dar explicaciones, porque las explicaciones son de débiles, de los que tienen algo de qué defenderse, y el que se defiende es porque algo tiene que esconder. De ahí a aquello de “han tergiversado mis palabras” sólo hay un paso.




