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Comunica sin mí

1 marzo 2010

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La gestión por objetivos es uno de los mantras del actual mundo de los negocios. Lo importante es el resultado obtenido, o sea, lo que permite determinar que se ha cumplido el objetivo. Cómo llegues hasta él suele traer sin cuidado. El concepto es genial, porque hace que toda la presión recaiga en el que ejecuta la estrategia que un lumbreras ha puesto por escrito antes de pararse a pensar si las metas establecidas son posibles, o si al menos son viables los mecanismos para alcanzarla.

En el ámbito de la comunicación, también se está trabajando por objetivos. Últimamente, de hecho, hay quien contrata los servicios de agencias o profesionales autónomos bajo esa exclusiva premisa: si se alcanzan los resultados, cobras; si no, te quedas a dos velas después del esfuerzo.

El problema es que una empresa que participa, de forma voluntaria, en el juego de la comunicación debe asumir su parte de tarea en la labor de dialogar, ya sea con los medios, ya sea con sus clientes. ¿Por qué? Porque hay cosas en la vida que nadie puede hacer por ti. Además de esas situaciones en las que estás pensando con una media sonrisa (y yo también), se me ocurre, por ejemplo, que nadie puede suplantar a un directivo en una entrevista para un canal de televisión, y que, menos aún, no puede despachar al periodista con un “es que estamos muy liados; que nos pasen las preguntas por cuestionario”. Bueno, poder se puede. Otra cosa es que se deba hacer.

Sin embargo, para muchos directivos al frente de compañías o de departamentos clave de las mismas, la comunicación es algo necesario, pero que es mejor que se desarrolle sin su concurso. “¿No puede hablar otro?” “Uff, que me llamen a las 20:00, que antes me resulta imposible.” “Tengo veintisiete reuniones consecutivas. El periodista tiene que entender que no puedo ponerme.” El periodista puede entender muchas cosas, pero no que sea la empresa, aunque sea través de la agencia, la que ofrezca información u opinión acerca de un tema de interés, y luego no facilite el contacto con un portavoz. Para eso, no des la brasa a nadie. El tiempo es un recurso escaso que no le sobra a nadie, y menos a los profesionales de los medios.

Si estás planteándote hacer comunicación, pero el único esfuerzo que estás dispuesto a hacer es reunirte con tu agencia para marcar objetivos y abonar las facturas a finales de mes, piénsatelo dos veces. “Voluntad” e “implicación” son dos palabras a las que tendrás que acostumbrarte.

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