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¿Para qué queremos a un director de comunicación?

2 junio 2010

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Un tweet del periodista Carlos Salas me llamó la atención en la mañana del martes. “Israel necesita un buen director de comunicación”, decía el texto. Por si alguien aún no se ha enterado, el mensaje se refería a la acción militar llevada a cabo en la mañana del lunes 31 de mayo por el ejército israelí para detener a los integrantes de una flotilla de barcos que se dirigía a las costas de Gaza con el propósito, declarado por ellos, de llevar ayuda humanitaria a la zona. La operación se cobró un número aún indefinido de muertos y heridos, junto a la detención de la gran mayoría de los tripulantes de las embarcaciones, que finalmente serán expulsados a sus países de origen.

Dejemos a un lado los aspectos políticos, sociológicos, humanitarios e incluso periodísticos. No quiero entrar en si los cooperantes a bordo de los barcos estaban o no influenciados o manipulados por Hamas o Al Qaeda, ni en si llevaban armas escondidas en el cargamento de alimentos y sillas de ruedas, o en si los soldados asaltantes, que utilizaron fuego real, fueron recibidos a palos y con cuchillos. Tampoco entraré en si la acción se realizó en aguas internacionales, o en si las costas de Gaza no son propiedad de Israel, o en el hecho de que Israel aplica un bloqueo sobre la zona que no ha sido aprobado por Naciones Unidas. Tengo opinión al respecto, y tal vez bastante encendida, pero no quiero entrar aquí en ese debate. Lo que me preocupa es cómo podemos interpretar que “Israel necesita un buen director de comunicación”, porque no creo que todos pensemos en la misma dirección.

Una de las grandes batallas que se libra en estos momentos entre las dos posturas principales enfrentadas en este conflicto es la de la información. Cada bando sostiene puntos de vista irreconciliables y los defiende en los medios utilizando todas las opciones a su alcance. En el caso de Israel, donde se vive en permanente estado de alerta y donde el Ejército desempeña un papel que, muchas veces, parece por encima de los poderes democráticos, la información no es un bien público, sino un arma de guerra más que se trata con todo tipo de limitaciones en aras de preservar la seguridad del Estado.

Es cierto que Israel, en buena parte de los medios europeos, no goza de buena imagen, pero dudo que se deba a una mala política de comunicación. ¿Podrían hacerlo mejor en este terreno? Si la labor de un director de comunicación es actuar de facilitador entre su organización y los informadores, poniéndose a su servicio cuando lo solicitan, escuchando a sus audiencias para generar diálogo y sabiendo transmitir en todo momento los mensajes de su cliente, seguramente existe ese margen de mejora. Ayudaría suavizar el tono militar en los comunicados, rebajar el nivel de adjetivos calificativos innecesarios y actualizar los mensajes (el recurso a la judeofobia empieza a ser algo manido, maniqueo y absolutamente descontextualizado). Además, si hubiera un mayor acceso a las fuentes, a los escenarios y a los protagonistas de la información, podría haber espacio para interpretaciones diferentes a las suyas, pero al escudarse en razones militares para aplicar barreras a la labor de los periodistas, e incluso de los ciudadanos de a pie, resulta imposible. Quien caya, otorga. De hecho, dudo que haya ningún interés en que se vean de cerca ciertos hechos y situaciones. La apertura que proporcionan las redes sociales les está ganando en esa batalla, pero poco parece importar porque saben que a quien hay que convencer no es al público global, sino a instituciones y países concretos.

Ahora bien, si un buen director de comunicación es el que se encarga de modelar la realidad a gusto del cliente para buscar un impacto en los medios basado en la interpretación particular que aquel realiza de los hechos, la cosa cambia. No son pocas las empresas que consideran que, ante una crisis de reputación basada en actitudes irresponsables o incluso en situaciones delictivas, hay que defender la posición a capa y espada, incluso con medias verdades o mentiras, antes que reconocer lo contrario o actuar de forma reactiva, por ejemplo pidiendo disculpas. De ahí a manipular la información, hay menos de un paso, y para manipular no hace falta mentir de forma explícita. Basta con hurtar a los medios información clave, o disfrazar la propaganda de información. Si esto último es lo que entendemos necesario en este caso concreto, apaga y vámonos.

De postre, ahí van dos formas de considerar, y de ver, lo sucedido. Por lo que a mí respecta, no me gustaría ser el “dircom” que tuviera que lidiar con un escenario semejante, porque a fin de cuentas, la ética no es un elemento opcional para los profesionales de la comunicación. Es una obligación.

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One comment

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Un tweet del periodista Carlos Salas me llamó la atención en la mañana del martes. “Israel necesita un buen director de comunicación”, decía el texto. Por si alguien aún no se ha enterado, el mensaje se refería a la acción mi…..



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