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Películas, redes sociales y alguna que otra mentira

6 septiembre 2010

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Pocas actividades se libran hoy en día de la etiqueta “social”. En la medida en que utilices Internet para compartir tus experiencias con otras personas, conocidas o desconocidas, estarás elevando el nivel de lo que hasta ahora no era más que algo privado o con escaso interés público. A veces, actuar de ese modo responderá a un deseo participativo o de colaboración, y será enriquecedor; otras, puede que no sea más que una forma de exhibición; en algunos casos, incluso, podrá servir como vía de explotar la creatividad de los demás para aprovecharla en tu propio beneficio. Salir a correr, por ejemplo, puede ser un hobby sano y solitario, pero si compartes en una red social tus tiempos, rutas y retos, puede ser un acicate para seguir progresando. Hacer régimen puede responder a un deseo de mejorar tu forma, pero si tu báscula se conecta vía Wi-Fi con Twitter para presumir de tipín, sin duda estarás restregando a la comunidad lo mucho que has adelgazado y los demás no. ¿Quieres ver un ejemplo del tercer caso? Sigue leyendo.


Photo credit: mconnors from morguefile.com

El mundo del cine y la televisión nunca ha vivido de espaldas a los demás, porque depende del espectador. Tanto es así que el papel de éste no se limita a acudir a las salas y pasar por taquilla. La opinión del respetable se tiene en cuenta desde los primeros tiempos de ambas industrias, porque una mala crítica o el desinterés de la audiencia pueden dar al traste con los objetivos económicos planteados. Para mitigar en la medida de lo posible el riesgo de que aquello en lo que se ha trabajado mucho tiempo e invertido todavía más dinero sea un fracaso, se acude desde siempre a los pases privados y los episodios piloto. Muchos proyectos se han quedado en el limbo de la televisión porque la gente reunida para evaluarlos señaló el suelo con el pulgar. Otros, como “Friends” o “Los Soprano”, consiguieron su beneplácito y salieron adelante. No siempre se acierta, y por eso “FlashForward” fue más lejos de lo que debería haber llegado. En el caso de la gran pantalla sucede lo mismo: “Malditos Bastardos” tuvo que someterse a un retoque tras su presentación en el Festival de Cannes de 2009.

Hasta aquí, el papel del público se había visto limitado a grupos de escogidos. No a todos nos llaman para ir a un pase privado, ni mucho menos tenemos en casa un medidor de audiencias para formar parte activa de eso que conocemos como “share” y que se traduce como “cuota de pantalla”. Internet, sin embargo, ha cambiado las cosas. Mucho. Webs especializadas, blogs de cine y televisión, foros… Ahora todos tenemos voz y voto, y la industria no ha tardado en entenderlo. Dejando a un lado las controversias sobre la piratería, no puede negarse que la actividad social en Internet cada vez se tiene más en cuenta para promocionar los productos audiovisuales, pero también para crearlos, desarrollarlos o modificarlos.

La Wikipeli de Mahou, que este año llevó a cabo su segunda edición, es un buen ejemplo: cómo realizar un cortometraje colaborativo dejando en manos de los espectadores el desarrollo de la trama. Vamos, lo que viene siendo un “wiki” de toda la vida, pero con un sesgo publicitario que a Mahou le ha servido para reforzar su buena imagen de marca en Internet vinculada al mundo del ocio. ¿Se puede ir más allá en la colaboración con el espectador? Parece que sí. La acción publicitaria “Last Call” del canal de suspense Calle 13 en Alemania trasladó a los cines la posibilidad de que un espectador decidiera la resolución de un anuncio en formato de cortometraje mediante una interacción en vivo por órdenes de voz a través de su teléfono móvil. Merece la pena ver el vídeo siguiente:

No todo se va a reducir a jugar a “Elige tu Propia Aventura”. Hay quien ha encontrado en las redes sociales y en su capacidad para propagar una idea o un mensaje la forma de sacar adelante sus proyectos cinematográficos. Es el caso del “crowdfunding”, o financiación multitudinaria. ¿Por qué confiar en el apoyo de una, dos o tres productoras? ¿Y si tu proyecto lo financian miles o millones de personas con sus pequeñas aportaciones? “El Cosmonauta”, una idea del colectivo Riot Cinema al frente del que se encuentra Nicolás Alcalá, es el primer proyecto español en aplicar este modelo, que necesita de las redes sociales como forma de sumar más adeptos. [Actualizado] Como bien explica el propio Nicolás en un comentario a esta entrada, la iniciativa permite obtener siempre algo a cambio de sumarse a ella: desde  productos de mercadotecnia hasta remuneración directa. Es lo justo, pero también es original, diferente y disruptivo. Lo que se llama “un cambio de paradigma”.

El concepto de “El Cosmonauta” no es nuevo, aunque sí sea ejemplar por su uso inteligente de la comunicación social. Un predecesor son los finlandeses de la ambiciosa “Iron Sky” (¿nazis en la Luna? ¡Por qué no!).

La cosa no se detiene en las posibilidades publicitarias o financieras. ¿Qué tal utilizar el torrente creador del público para aprovecharlo en beneficio propio? La expresión “user generated content”, o “contenido generado por el usuario”, suele esconder, bajo la bandera de lo social, estrategias que aprovechan lo que otros hacen o aportan de manera desinteresada para generar negocio y ahorrar ciertos costes… y no sólo económicos. En este sentido, la serie “Perdidos” ha sido la que ha abierto sendero.

“Perdidos” logró, en su primera temporada, cautivar a un público masivo atraído por un original planteamiento de misterio, ciencia ficción y aventura sostenido, además, por un grupo de personajes bien dibujados. El reto de descubrir lo que pasaba en la isla encontró un aliado en la Red. Para los espectadores, fue clave porque permitió alimentar la espera entre temporadas o capítulos compartiendo elucubraciones y teorías. Para los productores sucedió lo mismo, pero porque pudieron probar en directo la solidez de su trama, lo que funcionaba y lo que no, así como descubrir que no importaba que la complejidad a la que sometieron la historia al alargarla dejara toda clase de cabos sueltos: los seguidores ya se estaban encargando de darles sentido. Cuando “Perdidos” termina este año, lo hace con mucha gente madrugando, recopilación de teorías y toda suerte de documentos prometiendo las respuestas definitivas sobre la serie. Tarea inútil, porque muchas preguntas quedaron sin contestación posible. Lo que sostuvo el interés durante estos años no fue la solidez de la historia, sino dejar que los espectadores jugaran a ver si eran capaces de descubrir los misterios planteados… aunque no hubiera una solución definida.

Lo que ha logrado “Perdidos” es que el guión ya no importe. No hace falta construir una historia sólida, en la que se calculen con precisión los elementos clave, es decir, los resortes que hacen que todo encaje y cobre sentido. El mensaje es: “dales los materiales y convénceles de que hay algo que descubrir”. Con “Perdidos” no se rodó una serie, sino un entretenido juego.

Un ejemplo de lo anterior es la reciente “Origen”, de Christopher Nolan. Buscando el mismo efecto, Warner Bros puso en marcha antes del estreno una campaña viral generando webs ficticias para generar interés alrededor de la historia, y potenció el mensaje de que estábamos ante una genialidad superior al trabajo que catapultó a Nolan, “Memento”. El resto lo pone el film, una trama compleja en la que el juego permanente es confundir sueño con realidad, así como plantear al espectador un reto: permanece atento si quieres entender lo que pasa. Lo adornamos con acción trepidante, efectos espectaculares y un final en interrogación, y ya tenemos el resultado. Los espectadores se convierten en un doble aliado, al compartir en Internet sus teorías sobre la película (ninguna se parece entre sí) y, al mismo tiempo, retan a sus amigos a ir al cine para ver si son capaces de dar con el secreto. No importa que Nolan no quiera resolver la historia, porque de darle sentido se encargan los espectadores. Ellos son los verdaderos guionistas, aunque no lo sepan. ¿O es que tú también creíste resolver la trama?

“Perdidos” y “Origen” son un buen ejemplo de una forma de lograr que la serie o la película sean sólo el principio de la historia, que continúa en la Red. No siempre sale bien, claro. Que se lo digan a la mencionada “Flashforward” o a la enrevesada “Primer”. Ésta, pese a faltarle promoción y sobrarle la primera media hora de película, también tuvo fanáticos empecinados en desenmarañar una historia plagada de saltos temporales. Por lo que a mí respecta, espero que el hecho de rodar pensando en las redes sociales no haga recaer todo el peso de la interpretación en el espectador. Bastante cuesta ya la entrada como para hacerle el trabajo a los guionistas.

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4 comentarios

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Pocas actividades se libran hoy en día de la etiqueta “social”. En la medida en que utilices Internet para compartir tus experiencias con otras personas, conocidas o desconocidas, estarás elevando el nivel de lo que hasta aho…..


  2. Hola Carlos, soy Nicolás, el director de El Cosmonauta.

    Permíteme que te haga una aclaración:

    En nuestra película, cada persona que participa, obtiene algo a cambio. Dejando al margen a los productores que lo que hacen es recibir merchandising a cambio de su aportación y en base a su cuantía (es decir, compran en una tienda y de paso ayudan a hacer la película), en la parte creativa también es así.

    Desde casos de remuneración directa (por ejemplo, si todo va bien, editaremos un disco con música inspirada en la película y los autores se llevarán su parte de los beneficios o personas como el autor de Poética para cosmonautas, libro en el que se inspiró parcialmente la película, cuyo autor tiene un porcentaje de los beneficios del film y además gracias a nosotros ha podido sacar una edición de 500 ejemplares de su libro que ha patrocinado uno de nuestros productores),

    a cosas indirectas: Cada persona que remezcló un teaser de la Teaser Remix Experience optó a varios premios (premiamos, creo, a 10 de los 100 trailers) y además tuvo la oportunidad de dar a conocer su trabajo a un montón de personas (al final, si adhieres tu nombre a un proyecto conocido también estás ganando).

    Otro ejemplo es el de un fan que escribió una obra derivada que utilizamos para el guión y, consecuentemente, irá debidamente acreditado. En lugares como Estados Unidos, tener un crédito de guionista o productor reconocido por el gremio puede ser algo muy valioso (a veces imprescindible para acceder a concursos, trabajos, etc).

    También tener la oportunidad de que piezas cortas se exhiban en algunas de nuestras plataformas de exhibición es todo un plus (eventualmente podrá ser televisión o cines, cosa que normalmente sería difícil o imposible con un cortometraje o pieza musical normal).

    En fin, que no es por falta de creatividad que hacemos esto, sino para generar una experiencia, algo único, no replicable y que haga formar parte a nuestro público porque, de esta forma, cuando le cuenten a sus amigos que les gustó una película llamada El Cosmonauta, lo harán con muchas más ganas.

    un saludo y gracias por la mención en el post.


    • Gracias por toda la aclaración, Nicolás. Desde luego, se trata de un proyecto innovador y distinto que supone un cambio de paradigma en la industria cinematográfica, y espero que llegue a buen puerto. Seguro que será así. También aprovecho para comentarte que si has entendido que señalaba falta de creatividad por vuestra parte, no era esa mi intención en absoluto. Mi parte más crítica la dejaba para los casos del final del post. Un proyecto de crowdfunding como el vuestro -que además está teniendo una buena comunicación, que es uno de los aspectos que más me interesa- me merece todo el respeto. Ánimo, y a seguir adelante con ello. Incluiré una modificación para ampliar mi referencia a “El Cosmonauta”.


      • En términos jurídicos, no me queda claro la figura jurídica o la naturaleza jurídica del crowdfunding (que me parece una excelente idea)
        ¿Funciona como donacion? ¿Funciona como inversión? ¿Cómo funciona?
        Estoy averiguando y todavia no encuentro el cómo insertar esta figura en una figura jurídica actualmente legal, al menos en mi país. Quiero hacer mi memoria de titulo en este tema (bastante innovador) y al no haber estudios jurídicos previos al respecto, agradecería cualquier guía que me puedan ofrecer.
        Un abrazo
        Cristina



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