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¿Comunicación a largo plazo o comunicación a plazos?

9 septiembre 2010

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Una de las consecuencias de la crisis económica es la falta de ingresos y la disminución de los presupuestos de que disponen las empresas. Hasta aquí, no hay nada nuevo que descubrir. A su vez, la reducción de presupuestos obliga a buscar soluciones para afrontar los compromisos, contraídos o por contraer, con los proveedores. La alternativa drástica es cancelar servicios; la otra posibilidad es realizar cortes periódicos según haya o no dinero para gastar (y necesidades puntuales que cubrir). Ésta es la modalidad que cada vez más empresas de tamaño pequeño o mediano están adoptando en el caso de la comunicación y las relaciones públicas.

La necesidad de servicios de comunicación a veces funciona como una montaña rusa - Foto: dtcreations

La duración de los servicios de una agencia de comunicación o de un gabinete de prensa externo suele depender del “qué” se quiere contar. Cuando se trata del lanzamiento de un producto o servicio, el trabajo finaliza o poco después de ese momento comercial, o unos meses más tarde, de manera que sea posible hacer un seguimiento de los impactos generados y resolver flecos pendientes. Cuando lo que se busca es consolidar la imagen de marca de una empresa, gestionar su relación continua con los medios y mantener un flujo constante de información, no se establece un tiempo determinado para poner fin a la actividad más allá del que impone la lógica de los buenos y, sobre todo, de los regulares, nulos o malos resultados.

Ahora, sin embargo, estamos atravesando un periodo extraño en el que lo conveniente no es igual a lo asumible, y en el que la creatividad en la gestión del presupuesto parece un objetivo en sí mismo. Así que, ¿por qué no fusionar las dos alternativas anteriores? ¿Qué tal si trabajamos por fases, cortando el servicio con la agencia cuando no tenemos previsto contar nada, pero estableciendo una estrategia a largo plazo? Mi respuesta es que se trata de una solución equivocada en todos los sentidos, pero “son lentejas”: para los contratados, empieza a ser la única posibilidad de garantizar algún tipo de ingreso, aunque sea esporádico, y para los que contratan, es la única forma de poder asumir un esfuerzo económico a cambio de una labor que saben imprescindible. También hay que entender esta postura.

Si analizamos este modelo de “comunicación a plazos”, encontraremos que puede ser un error, pero no sólo para el cliente, sino para la agencia misma:

El cliente aparece y desaparece como el Guadiana de los ojos de los medios y, finalmente, de su público objetivo. Genera una sensación de inestabilidad que tal vez no tenga su negocio, pero que a ojos del periodista parece evidente. Cada vez que retorna a la arena pública, debe volver a hacer una labor de reubicación, para poder continuar donde lo dejó. Y si entre periodo y periodo de actividad llega una crisis, una oportunidad o una ocasión de contar algo o de participar en la comunicación pública, deberá asumir que la perderá con las consecuencias que ello pueda tener.

En el caso de la agencia, aceptar una relación de este tipo, intermitente, ocasiona un riesgo claro. No se debe dar servicio a quien no lo ha contratado, pero ¿cómo resistirse a hacer las gestiones pertinentes si un periodista solicita una información o una entrevista con esa firma que, en un par de meses, volverá a solicitar nuestros servicios? ¿Le pedimos a la compañía que elimine todos nuestros datos de contacto como agencia de la zona de prensa de su página web, u optamos por mantenerlos como están aún a riesgo de tener que asumir que seremos la referencia para profesionales interesados en informar sobre la empresa? Todo ello por no hablar de qué sucede con el seguimiento de los impactos en los medios de acciones realizadas anteriormente, pero que pueden salir a la luz cuando ya no hay servicio activo. ¿Recogemos esa información y se la facilitamos al cliente? ¿Nos la guardamos para demostrar que el trabajo se hizo bien?

Las relaciones públicas son una labor de largo plazo del mismo modo en que la comunicación no es algo coyuntural, sino permanente mientras la compañía está en activo y los usuarios tienen acceso a sus servicios y pueden opinar sobre los mismos. En el modelo a plazos, sin embargo, no hay beneficios claros, aunque siempre hay uno que gana más que el otro. ¿Adivinas quién?

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5 comentarios

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Una de las consecuencias de la crisis económica es la falta de ingresos y la disminución de los presupuestos de que disponen las empresas. Hasta aquí, no hay nada nuevo que descubrir. A su vez, la reducción de presupuestos ob…..


  2. […] This post was mentioned on Twitter by Joaquín Mouriz Costa and Carlos Molina, Dany Mehrad Fuertes. Dany Mehrad Fuertes said: RT @molinaguerrero: Nueva entrada: "¿Comunicación a largo plazo o comunicación a plazos?" http://ht.ly/2BAuI […]


  3. En ocasiones cuando colaboramos en este tipo de trabajos “intermitentes”, me da la impresión de que más que hablar del que se beneficia del tema, habría que hablar del gran perjudicado, que a mi juicio en este caso me parece que es la agencia en general y yo en particular.
    Esas llamadas de periodistas para preguntar info a las que tienes que contestar: “no, hemos trabajado con ellos algunas veces pero ahora mismo no te podemos ayudar” etc creo que me desacreditan principalmente a mi como comunicadora!!!


    • Tienes toda la razón, y a eso me refería en los dos párrafos finales. ¿Qué pasa con la agencia? ¿Le niegas una mínima atención al periodista, o se la prestas más como un guiño a él que al “cliente intermitente”? A veces me inclino más por lo segundo precisamente para evitar esa sensación en el periodista de que sabes algo que él no sabe (con quién tiene que hablar, por ejemplo), pero no se lo quieres decir. Como decían en cierto capítulo de “Verano Azul”, “mierda para el mensajero que va y viene”. Estar en medio siempre termina siendo lo más incómodo.


  4. […] Actualizados : ¿Comunicación a largo plazo o comunicación a plazos No se van ellos, ¡los echamos nosotros! Cuatro nuevas cagadas de comunicación (y un […]



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