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El periodista bueno, el consultor feo y el dircom malo. A vueltas con los clichés

25 octubre 2010

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La relación entre periodistas y agencias de comunicación, gabinetes de prensa y dircoms suele presentarse en público como el argumento de una película de aventuras. Los primeros desempeñan el papel de los protagonistas, mientras que los otros tienen que conformarse con ser los malvados antagonistas que tratan de confundirlos con sus tejemanejes y argucias para lograr que publiquen, radien o televisen información sobre sus clientes. A veces, por desgracia, sucede así, pero en la mayoría de las ocasiones esta representación no pasa de ser un cliché o una síntesis demasiado básica. Yo también soy periodista, he ejercido a un lado y al otro, y sé de lo que estoy hablando. Pero a veces hay que gritar para que te oigan, como fue en el caso del cierre de la 5ª edición de las jornadas “Blogs. La Conversación”, celebradas los días 21 y 22 de octubre en Madrid. En la última mesa redonda, con Ana Alfageme (Elpais.com), Miguel Ángel Uriondo (Actualidad Económica), Carlos Salas (Lainformacion.com) y Bárbara Yuste (ABC.es), la voz de una compañera del mundo de la consultoría de comunicación desde una de las filas altas de la sala vino a recordar a todos que igual de problemático es el consultor que molesta conscientemente al periodista en su trabajo como el periodista que se niega a entender el trabajo del consultor.

Periodistas, redacciones digitales... y agencias estuvieron presentes en la V edición de Blogs. La Conversación

Pese a que no era ése el tema de la mesa redonda, sino la realidad de las redacciones actuales (¿digitales o redacciones a secas?), al final empezaron a llover los tradicionales palos sobre las agencias cuando se mencionaron las llamadas a destiempo, los consultores que tratan de verificar si una información ha llegado correctamente y la preferencia -de algunos- por gestionar todo por correo electrónico o por vías que rodeen a los gabinetes de prensa, como por ejemplo al localizar fuentes por LinkedIn o solicitar declaraciones por Twitter. Fue en ese momento cuando la voz de esta profesional expresó en voz alta lo que muchos pensamos a menudo: por supuesto que nuestra labor es estar en contacto con el periodista, y si éste nos elude por correo electrónico (y ya he dicho en alguna ocasión anterior que prefiero un no al silencio), lo intentaremos por teléfono, y si no, por una red social. ¿Por qué? Porque tanto tu propia empresa como tu cliente te presionan para lograr esa atención mediática que, por otra parte, se reparte todos los días en función de múltiples factores, y que cuando no se consigue, obliga a dar muchas explicaciones para justificar que tu labor, hasta donde estuvo en tus manos, se realizó correctamente.

Falta, por lo tanto, empatía y conocimiento mutuo. ¿Que hay consultores que llaman a la peor hora para saber si llegó una nota de prensa? Sí, los hay. ¿Que hay gabinetes que preguntan uno a uno a todos los medios si van a publicar un comunicado horas después de enviarlo? Sí, los hay. ¿Que hay agencias que te bombardean con seis o siete correos diarios, y sobre temas intrascendentes? Sí, los hay. Y detrás de esos comportamientos, puede haber una mala praxis, pero también una espada afilada que amenaza con caer sobre la cabeza del consultor. Tenemos que conocer al otro y ponernos en su lugar antes de rugir por el teléfono, como hemos tenido que soportar en más de una ocasión, como si fuéramos miembros de una casta inferior que no merece el más mínimo respeto.

Malos profesionales hay en todas partes. Como consultor, he visto cosas que como periodista no imaginaba que me encontraría al otro lado. He visto a periodistas que mienten cuando te dicen que acudirán a una entrevista, o que, horas antes de una cita confirmada siete veces, te aseguran que no saben de qué les estás hablando. He visto a periodistas que van a las ruedas de prensa sólo a desayunar o a comer, o peor aún, a llevarse el producto que se presentaba para venderlo por eBay. He visto a periodistas que te robaban un portátil en tu cara asegurando que ya se lo habían devuelto al almacén de tu cliente, logrando indirectamente el posterior despido de una persona. He visto a periodistas en viajes de prensa que no salían de su habitación del hotel, donde se quedaban leyendo libros. He visto a periodistas que te pedían que les escribieras el reportaje para el que les ofrecías información. He visto a periodistas que te ignoran hasta que te tienen que pedir un favor personal. He visto a periodistas (con los que tenía cierta relación de amistad previa) que me trataban peor como consultor que otros compañeros suyos por el mero hecho de creer que me intentaba aprovechar de dicha relación. Y pese a todo, creo firmemente en este trabajo, y estoy seguro de que los periodistas arrogantes, soberbios, desorganizados, mentirosos y ladrones son la pequeñísima y subatómica nota discordante que hay en todos los sectores. No lo digo por limar asperezas, sino con conocimiento de causa. No hay más que ver la mesa con que se cerró Blogs. La Conversación: cuatro grandes periodistas que, además, estuvieron fenomenal.

Vamos a tratar de llevarnos bien. Hagamos un esfuerzo por entendernos, respetarnos y poner reglas de comportamiento claras. Avisemos a tiempo al consultor que no entiende el trabajo del periodista de que no va por buen camino, pero pidamos también al periodista que sepa cómo es la gestión de la comunicación por parte de las organizaciones para que también aprenda a manejarse en ese contexto, a hacer bien su trabajo -sin que le vendan motos, por supuesto- y a obtener un provecho profesional de esa relación. Eso sí, cansa llevarse siempre los golpes y ver que mientras unos tienen la obligación incorporar todo lo 2.0 para hacer su trabajo y facilitar en lo posible el de los demás, los otros aún pueden seguir viviendo en el mundo ideal de Lou Grant.

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19 comentarios

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: La relación entre periodistas y agencias de comunicación, gabinetes de prensa y dircoms suele presentarse en público como el argumento de una película de aventuras. Los primeros desempeñan el papel de los protagonistas, mient…..


  2. Un tema que despierta pasiones, sin duda. Si me lo permites, un par de reflexiones que surgieron en una conversación casual tras el evento:

    – Mi problema no es que me llame la gente de las agencias. Si Carlos Molina llama, yo me cuadro y escucho. La ventaja de las agencias es que pueden desarrollar de muchas formas la relación con el periodista. Mis peros son para aquellas situaciones en las que recibimos llamadas de gente que no conocemos y que, lo que es peor, no conoce siquiera el medio al que está llamando, al profesional o el tipo de información que publicamos. “Tenemos esta nota de prensa y queremos saber si estás interesado en publicarla”. ¿Cómo? En Actualidad Económica, que es mensual, puedo hablar de tu empresa de tres formas. Bien en un amplio reportaje de varias páginas que queda muy bonito pero para el que tienen que coincidir muchos factores. En mi blog,y quienes lo conocen saben que es de todo menos un repositorio de notas de prensa. O en AE en Orbyt, más enfocado en el análisis. El consultor chapuza que es el que realmente molesta es aquel que se dedica a disparar sin piedad a todos los periodistas con el fin de cazar algo como sea. Una comparación: no es lo mismo que me llamen de mi tienda favorita de telefonía para decirme cuál es el mejor smartphone y la mejor tarifa, que recibir constantes llamadas no solicitadas de comerciales que no son capaces ni de decir mi nombre.

    – Muchas veces las llamadas no son sólo necesarias, sino también imprescindibles. Cada vez más, tengo la sensación de que somos muchos menos periodistas que comunicadores, y a veces podemos vernos un poco abrumados. Entre eso y que es fácil despistarse, una llamada a tiempo es una victoria. De hecho, en mi firma de correo tengo mi teléfono móvil y es por algo.

    – Sobre el mundo ideal de Lou Grant: toda la razón. Pero yo lo vería desde el punto de vista de las ventajas que os aportará en el futuro y de las desventajas que tendrán aquellos que persistan en su intención de mantenerse en sus trece.


    • Gracias por tu comentario, Miguel Ángel. Estoy de acuerdo contigo en el tema de las llamadas a deshoras, así como con el hecho de que hay consultores y dircom que muestran un vergonzoso desconocimiento de la naturaleza de los medios. Es nuestra obligación reducir esa incomodidad a cero, aprender de la experiencia y no volver a cagarla la próxima vez. No sé a otros, pero a mí me obsesiona que mi trabajo suponga una molestia, y trato de buscar siempre la forma más discreta de contactar con un periodista cuando necesito hacerlo (el móvil está prácticamente prohibido, por ejemplo, y en el caso del correo electrónico sólo activo la confirmación de lectura en contadísimas ocasiones).
      Sin embargo, sí tengo la sensación de que a veces se nos fustiga demasiado, y de que sólo se habla de nosotros para recordarnos lo pesados que somos. No podemos aprender de nuestros errores si nadie nos avisa de que los estamos comentiendo. En alguna ocasión he oído cosas del tipo: “¿Cómo me llaman a la radio un martes por la mañana? ¿No saben que sólo vengo los miércoles y lo jueves?”. Pues si el apelado no se lo ha dicho al que llama, ni tampoco lo ha hecho ningún compañero, es evidente que no se puede saber. Por otra parte, sigo pensando que debería de haber alguna manera de mejorar la comunicación entre agencias/empresas y medios, de canalizar el envío de notas de prensa, de invitaciones a ruedas de prensa o de propuestas de temas de una forma diferente, más práctica y menos intrusiva, que acabe con los problemas que generamos, pero también con algunas barreras innecesarias. En ello estamos algunos (por ejemplo, para el ámbito blog), aunque admito que no es nada fácil.
      Recojo el guante de tu último planteamiento, y reconozco que las nuevas tecnologías y los nuevos medios nos tienen que ayudar a las agencias a ser mejores. En tu caso, ya sé que vas a la vanguardia, así que más que aprender nos vas a tener que enseñar a más de uno (el truco de LinkedIn para localizar fuentes parece obvio, pero hay que sabérselo… y utilizarlo de la forma correcta).
      Dicho esto, me gusta Lou Grant, y probablemente diré lo mismo de The Wire cuando llegue a la última temporada (de momento, voy por la segunda).


      • No creo que se os fustigue demasiado. De hecho, la pregunta venía de alguien del sector y no creo que ninguno de nosotros hubiéramos empezado a hablar del tema si no nos hubieran interrogado al respecto.
        Lo que es cierto es que se trata de un aspecto de vuestra relación con los medios que afecta a toda la profesión.
        Constantemente recibo quejas sobre lo imprecisos que somos los periodistas. ¿Es porque yo sea mal periodista y no me fije en el detalle? Quizá es que hay otros cientos de periodistas que confunden miles de millones con billones e imputados con procesados.
        Si muchos no os sentís aludidos tenéis que pensar que, tal vez, hay muchos más que están haciendo las cosas de otra manera, y que son estos los que provocan esas reacciones negativas de las que hablamos.
        Precisamente por tener muchos amigos en PR es por lo que escribo en este tipo de foro, y por lo que creo que el sector debería fijar códigos de conducta homogéneos sobre este tipo de cosas. Y sería sencillo, bastaría con tener en cuenta los códigos “dosdedosdefrentepuntocero” de los que hablaba el otro día:

        “No llames a nadie por el móvil a menos que sea urgente y útil para el destinatario, tengas una relación frecuente con él, o llegue tarde/nunca a una reunión ¡maldito cabrón irrespetuoso!”

        “No llames nunca para confirmar la recepción de una nota de prensa, a menos que pienses que, de forma realista, podría encajar de alguna forma en el trabajo que éste realiza normalmente”.

        “Conoce lo suficiente al periodista, su medio y sus intereses como para poder tener claro el punto anterior”

        “Descubre qué servicio de calendario/agenda utiliza y envíale simpáticos avisos que se incorporarán automáticamente a la agenda que consulta por la mañana (en mi caso, los calendarios de Google Docs)”

        “Las presiones de mi cliente sólo me importan a mí. Si tengo que pedir un favor, es mejor no enmascararlo. Prefiero que la gente me diga: “Tengo que llenar la sala del desayuno como sea para quedar bien” a que me engañen con un “¡Es clave para la continuidad del Multiverso tal y como lo conocemos!””.

        “No llames al periodista para preguntar si va a publicar algo a menos que, durante el acto/reunión que haya cubierto, haya mostrado cierto interés o me deba un favor. Y nunca por una nota de prensa por la que ni siquiera nos ha escrito/llamado de vuelta. Para eso está el servicio de clipping”.

        Y otras que todavía no se me han ocurrido…


      • Tal vez sea una percepción muy personal, o que los medios sociales nos permiten más compartir con otros colegas y uno tiene la sensación de que la realidad es otra cuando compartes experiencias. El caso es que sí, a veces tengo esa percepción de fustigamiento. Espero estar equivocado, aunque también es verdad que los primeros que tenemos que ser críticos con nosotros somos los propios relaciones públicas.
        Estoy contigo en que el sentido común es lo primero que hay que aplicar, y me parecen impagables tus recomendaciones. Seguro que alguna más puedo añadir:
        “No titules una nota de prensa como si fuera un folleto del Media Markt y evita los adjetivos innecesarios”.
        “Los periodistas no tienen la obligación ni de enviarte un ejemplar de su revista, ni de pasarte el PDF con la informción publicada, ni de hacerte una copia en DVD del programa para el que hablaron con tu cliente”.
        “No se te ocurra recriminar a nadie por haber hablado con tu competencia y no contigo. Sus motivos tendría; averigua si realmente podrás aportar información de valor en una próxima ocasión y ponte siempre a disposición del medio”.
        “No te ofrezcas para proponer temas, pero te falte el tiempo para rechazar preguntas cuando el asunto no te conviene. Hay que estar a las duras y a las maduras”.
        ¡Saludos!


  3. Siguiendo un poco los comentarios, y si me lo permitís, estoy de acuerdo con Carlos y también con Miguel Ángel. Es cierto que las agencias acribillamos con llamadas a medios – no todas – pero también es duro, escuchar el tópico de muchos periodistas de medios sobre el asedio que sufren diariamente. Sobre todo cuando en ocasiones se nos copian esas notas de prensa que mandamos y que nos critican (por la forma y contenido) para publicarlas tal cual o, se reciben llamadas a última hora porque el medio necesita una valoración de sector, relativo a uno de tus clientes y tiene que tenerlo para ya, ahora, ayer. Sin comentar que son pocos los redactores que contestan un correo electrónico.

    Sin lugar a dudas, no hay que llamar para saber si tenéis una nota de prensa y, ni mucho menos, para intentar averiguar si la vais a publicar. Hace años estuve trabajando en una agencia en la que nos obligaban a hacerlo y os podéis imaginar el malestar que podía suponer ir a la oficina. No funciona, no es profesional, dejémonos de tonterías. Pero también, reconozco que de no haber llamado a medios para determinados temas, hubiera finalizado con un email jamás leído, ni tenido en cuenta.

    Creo que ante la situación de los medios y sabiendo opiniones que tienen (agradeciendo a Miguel Ángel que se “moje” desde aquí), las agencias y gabinetes de prensa deberíamos sentarnos debatir sobre cuáles son las prácticas éticas de nuestro trabajo. De igual manera, necesitamos de periodistas en medios que nos den su punto de vista y opinión porque es muy valiosa.
    También me gustaría resaltar que no todos los redactores son como tú, Miguel Ángel. Te sigo desde tu etapa en Europa Press y sé que atiendes por teléfono cuando se te propone un tema, que no un seguimiento. Con paciencia y, sobre todo, con sinceridad contestas si te parece interesante o no encaja, cosa que se agradece.

    Os voy a poner un ejemplo que me ha pasado recientemente con un cliente. A un medio en concreto, se le ofreció una entrevista con el cliente comentado y aceptó. A los pocos días, nos confirma el periodista del medio que el cuaderno donde tomó notas se ha extraviado. No pasa nada, hacemos una transcripción del encuentro y se manda, cosa que le pareció bien. La semana pasada, el periodista comentaba que no le ha llegado el mail… Me costaba creer esto. Si de verdad no le interesaba el tema, era tan fácil como comunicarlo en cualquier momento, podía habernos mandado un email y lo zanjábamos. De tal manera, ninguno de los implicados en este triángulo amoroso, hubiéramos perdido el tiempo.


    • Gracias por tu comentario, Raquel. Me sumo a esa propuesta para hablar sobre el tema, confrontar puntos de vista y encontrar soluciones creativas… o al menos, repartir dosis de sentido común. Hay mucha mala práctica suelta por ahí, y nos perjudica a todos. Creo que todos, en algún momento, hemos metido la pata. Pero hay que aprender de los errores y no olvidarlos. En mi primera semana como consultor, llamé a una conocida periodista de El País (ya no trabaja allí) para hacer un seguimiento. Fue tajante: “En El País no publicamos notas de prensa”. Y eso fue lo más suave. Fui consciente en un segundo de lo equivocado de este tipo de acciones, y de lo molestas que llegan a ser. Además, pese al tono seco, esta persona no tuvo reparos en dejarme claro qué era lo que no le gustaba, y ésa fue la información más importante para mí. Otra cosa es que tu empresa te presione para insistir, pero eso, desde luego, nunca debe ser problema del periodista. Ni mucho menos.
      No hace falta que te lo diga, Raquel, pero esta entrada lleva tu nombre 😉


      • Yo soy el primero que ha caído en la mala praxis en ocasiones. Citas que se te caen de la agenda, problemas personales que te hacen faltar a un encuentro y falta de reflejos para avisar a tiempo, disonancia entre lo que uno prepara y lo que el jefe considera válido para la sección…

        Aunque yo intento alejarme lo más posible de esta tendencia, es cierto que los periodistas lidiamos muchas veces con el consultor de la agencia como a un bicho al que utilizar cuando conviene y al que despreciar cuando no. Un trato que no damos nunca a los PR corporativos. Es horrible e injusto, pero a veces sucede. Yo mismo me olvido muchas veces de los nombres y agencias en las que trabajáis algunos. En cambio, vosotros siempre lo sabéis todo de nosotros y nunca os olvidáis.

        En cierta forma, pasa lo mismo con las chicas guapas en los bares. Los periodistas somos chicas guapas porque somos pocos, y los de las agencias representáis todo el enjambre de muchachos salidos que rodean a la maciza en cuestión.

        La guapa distingue enseguida quiénes son los majos que pagan copas pero con los que no quiere nada (agencias con las que tiene buena relación pero que raramente le ofrecen noticias publicables), los antipáticos o feos que no le interesan ni para eso (empresas minúsculas, fuera del sector o pesados), aquellos con los que tendría un rato de charla, un poco de flirteo y quizá un polvo si ha bebido demasiado (agencias de grandes empresas y PR corporativos) y, por último, aquellos que se tiraría encima de la barra si pudiese (dircoms con capacidad y ganas de filtrar exclusivas o directivos sueltos de lengua).

        ¿Es malvada la guapa? No exactamente. Es sólo que la vida le ha puesto en una situación en la que tiene ciertas ventajas. Pero, al igual que la belleza, estas ventajas son frágiles. Hoy puedes ser un bellezón, pero el futuro te puede convertir en una Norma Desmond cualquiera, dispuesta a aceptar una copa de cualquier desconocido que se te acerque o de acostarte con el primer aciago ex mosquito que vea en ti los restos en evaporación de tu lustre de antaño.

        Yo prefiero jugar a ser Mila Kunis. Una estrella guapetona capaz de brillar en películas como El Cisne Negro o Forgetting Sarah Marshall, pero que no tiene problemas en ponerle la voz a Megan en Family Guy, rodar Max Payne o jugar al WoW mientras firma un cameo en Robot Chicken…


      • Jod***, Miguel Ángel. Si llevara puesto el sombrero que luces en tu avatar, ahora mismo me estaría descubriendo. “Chapeau”.


  4. Muy interesante como siempre este tema y ver como pese a todo seguimos en 2 mundos que no terminan de acercarse del todo…
    Yo recuerdo que lo primero que hice en la entrevista antes de entrar en la agencia (hace ya casi 10 años!) fue preguntar si se hacían llamadas de seguimiento de notas de prensa y me dijeron que “no” por lo que fue un punto a favor para cambiarme (en aquella época yo era periodista, snif).
    Desde entonces pocas veces he visto llamadas de confirmación de notas… creo Carlos que el haber estado en ambos lados ayuda mucho a entender al periodista y tratar de acercarse de la manera adecuada.
    También por ello creo que más que de agencias buenas o malas, muchas veces hay que hablar de profesionales buenos o malos (y esto también lo hay entre los periodistas y lo que es peor, entre los dircom, que muchas veces no saben cómo funcionan ni los medios…ni las agencias).
    Creo que un código ético sería bonito pero un poco utópico, muchas veces basta el sentido común (“el menos común de los sentidos”) para hacer bien nuestro trabajo, pero a veces es imposible por ordenes de jefes, clientes, presiones o desconocimiento…
    Yo siempre trato de explicar que tengo 2 jefes: la empresa cliente y los periodistas y trato de servir a ambos, pero a veces es imposible que ambos salgan contentos.
    Se agradece en cualquier caso periodistas como Miguel Ángel que lo primero sabe de lo que escribe (cosa no tan común) y que si un tema no le interesa te lo digan de manera educada pero clara…lejos de divismos que de esos también hay.
    Yo creo que lo clave en esta relación(como muchas otras) es la empatía, ponerse en el lugar del otro y actuar en consecuencia.
    PD: Miguel Ángel +1 para ti por que te guste Mila Kunis, yo también soy fan 🙂


    • Gracias, Alberto. Creo que tu aportación es muy acertada. Se me olvidó decir, en mi comentario anterior, que aquel error cometido de hacer el seguimiento de una nota de prensa no me vino por el desconocimiento de la parte contraria, sino más bien de la presión que te impone la empresa, el cliente y tus propias ansias de lograr resultados desde el minuto 1. De hecho, sólo un mes antes, era yo el que recibía llamadas y notas, y lo llevaba haciendo varios años. Puede sonar contradictorio, pero conozco a muchos periodistas que, al pasar a este lado, caen -caemos- en los mismos pecados que denunciábamos. No es tan fácil adaptarse, al menos si la transición no se realiza como debería. Algo de formación y unos buenos consejos antes de levantar por primera vez el teléfono ayudan, y mucho. Por eso confío también en que los numerosos foros y blogs profesionales en que salen a relucir estos temas sirvan para generar diálogo y transmitir experiencias útiles no sólo a los que aún no han pasado al mundo de la consultoría de comunicación, sino también a los que ya llevamos mucho tiempo en esta faena.


  5. ¡Gran debate y grandes aportaciones!

    Un punto que me gustaría destacar y que muchas veces olvidamos en momentos de crisis económica desde las agencias de PR es que debemos ser consultores de comunicación con el cliente y no simples ejecutores. Es decir, debemos razonar con ellos lo que es noticiable y lo que es interesante de ellos para los medios y no ceder a comunicar cualquier cosa. Esto nos evitaría muchas presiones por parte del cliente hacia nosotros y muchas presiones por nuestra parte hacia los periodistas.

    Creo que los clientes buscan precisamente eso, asesoría y consejo desde nuestra experiencia, y eso es lo que hay que intentar darles, por el bien de todos. Además, si simplemente lanzamos información sin una evaluación previa, la imagen del cliente puede verse también seriamente resentida


    • Por eso me gusta hablar de “consultores de comunicación”. Ésa debe ser la dirección, aunque no siempre las empresas lo tengan claro. Sigue habiendo mucho trabajo por delante. ¡Gracias, Aída!


    • Cierto Aída, Yo también creo que la asesoría es una parte fundamental de nuestro trabajo,pero ya sabemos que muchas veces hay clientes que no se dejan asesorar… esos momentos yo creo que son los peores, cuando la agencia está obligada a hacer algo porqué el cliente le obliga pese a saber que no es lo más conveniente. Menos mal que estos casos cada vez se dan menos (eso quiero creer…)


  6. Hola a todos,

    Quería felicitar a Carlos públicamente por este gran post que saca a la palestra algunos de los males endémicos que sufre la relación entre periodistas y agencias. Especialmente por contar las malas prácticas que existen entre los periodistas, ya que las de las agencias, que también son muchas, creo que son más que conocidas por todos.
    Tal y como te había comentado en privado, en mi opinión, no creo que haga falta un debate o un código ético. No hace falta que ponga en un código que hacer llamadas indiscriminadas o que apropiarse de productos de préstamo está mal para que sepamos que está mal. Al final, como decís y al igual que en cualquier otro tipo de relación, es una cuestión de sentido común (que da la experiencia y la profesionalidad)y respeto por el trabajo de los demás. Este último punto, para mí es básico, pero sólo en el caso de los periodistas, sino de cualquier persona que trabaje a tu alrededor: proveedores, colaboradores o señoras de la limpieza. El tiempo y el trabajo de todos es valioso y si lo respetásemos tanto como el propio no estaríamos hablando de estas cosas.

    Saludos!


    • Gracias a ti, Aída. Si aquí se ha generado valor, lo habéis aportado con vuestros comentarios. No sé si un código ético sería adecuado o sólo algo pretencioso, pero sí creo que verbalizar todas estas inquietudes puede ser útil. El debate, al menos, lo es.


  7. […] This post was mentioned on Twitter by Miguel Ángel Uriondo and Alberto Payo, Alberto Payo. Alberto Payo said: un debate muy interesante entre la relación de periodistas y agencias de comunicación http://bit.ly/cjcUWa […]


    • Me sumo a Carlos por el brillante texto de Miguel A. Uriondo.

      También os animo a que entre todos hagamos algo bueno para los medios y también para las agencias por una buena práctica.


  8. […] con los que tratamos con relativa frecuencia no acaban de comprender del todo cuál es nuestro papel y a qué nos dedicamos es, en parte, porque los comunicadores no lo sabemos explicar y nos liamos […]



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