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Ponga un concurso en su vida (y en su página de Facebook)

25 marzo 2011

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Leo en mi copia en papel del Diccionario de la Real Academia de la Lengua la siguiente acepción de concurso: “Competición, prueba entre varios candidatos para conseguir un premio”. Y el ejemplo que ponen en esta XXI edición -la que tengo- es “CONCURSO de tiro”. Tal cual. Tiros, muchos tiros, y algún que otro cuchillo es lo que suele sobrevolar el muro de una página de Facebook cuando se hace un concurso. Es un ejercicio de alto riesgo para el que lo practica, y del que se recuerdan más las pifias que los aciertos.

Los concursos generan un gran interés en Facebook, tanto para participar y ganarlos como para criticarlos

El pasado martes 22 asistí a una nueva edición de CMLive, el encuentro que organizan en el Centro de Innovación del BBVA María Infante y Azahara León. El tema de esta ocasión prometía: “Las redes sociales y sus aspectos legales”. Como ponentes, María García-Albertos y Paco Pérez Bes. Delante de ellos, un montón de profesionales libreta/ordenador/tableta/móvil en mano dispuestos a tomar buena nota sobre lo que oculta la letra pequeña de las redes sociales y lo mucho que hay que acordarse de la LSSI y la LOPD antes de mover un dedo con una promoción online. ¿Y qué se comió buena parte del debate? Los concursos en Facebook.

Montar una promoción en Facebook no es fácil. Hace un año, había menos opciones, pero uno se sentía libre de hacer lo que le diera la gana con su página… Pero Paco Pérez Bes lo recordó muy bien: no se trata de “tu página”, porque el espacio es de Facebook, incluido todo lo que se publica dentro. Facebook pone las normas y las cambia como le da la gana, lo que ayuda a marear a los sufridos “community managers”, pero sirve para generar más negocio a los asesores del sector. No hay mal que por bien no venga.

El que quiera poner en marcha un concurso en Facebook deberá superar más barreras que un control en Gaza:

  • Oficialmente, hay que contactar con un representante de Facebook para organizar una promoción, y se le deberá enviar el material que se vaya a emplear con al menos una semana de antelación para obtener su permiso.
  • Todo debe realizarse a través de una aplicación de terceros, y en ningún caso la mecánica del concurso debe consistir en obligar a pulsar el botón de “Me gusta” o a realizar acciones directas en el muro de la página.
  • Por supuesto, que no se te ocurra utilizar perfiles falsos o llevar a cabo la promoción desde una página personal cuando deberías hacerlo desde una página de empresa. Te arriesgas a que te cierren el chiringuito.
  • Tienes la obligación de establecer unas normas claras, pero también de ponerlas, de forma fácil, a disposición de todo el mundo. Si depositas ante notario las bases, te cubrirás las espaldas y cumplirás sin problemas con la publicidad a la te obliga la legislación española.
  • Deberás escoger bien la mecánica del concurso, porque existen auténticos profesionales del asunto y grupos de intercambio de votos que falsearán el resultado de tu acción logrando, por ejemplo, que no sea la mejor propuesta la que gane. Luego, trata de convencer a los concursantes de que no hubo tongo por tu parte. Algunos recomiendan evitar escoger ganadores por número de votos o por azar, y dejarlo todo en manos de un jurado imparcial.
  • A lo anterior hay que añadir tanto a los que buscarán el más mínimo resquicio en tus bases para exponer y explotar tus “fallos de seguridad”, como a los que intentarán reventar tu promoción porque sí (los famosos “trolls”).

Los riesgos de no cubrirse bien las espaldas tienen muchos hijos, como por ejemplo el famoso caso de Mahou o el más antiguo del Fantongo. A veces influye el desconocimiento de los organizadores, y otras la mala voluntad de algunos participantes. Todo suma.

Ante tanto problema, me quedo con la reflexión en voz alta que hizo Javier Esteban en CMLive: ¿por qué no hacer menos concursos y probar con estrategias alternativas en redes sociales? De la misma forma que algunas agencias parecen resolver todas las necesidades 2.0 de sus clientes con el típico “te abro un blog, un Twitter y un Facebook [sic]”, algunos no dudan en proponer: “hagamos un concurso”. ¿Es lo más adecuado en todos los casos?

Sobre el papel, el concurso o promoción es la vía más rápida para sumar seguidores. Si ése es tu único objetivo, adelante. Pero antes de poner en marcha una mecánica de este tipo, con todo lo que conlleva y los dolores de cabeza que suele ocasionar, es necesario establecer un marco general de propósitos y estudiar a quién te quieres dirigir, qué esperas de ellos (y ellos de ti), y qué vas a hacer una vez que termine la acción. Mide con sentido, y determina si la cantidad, y no la calidad, será tu único criterio. Es cierto que en algunas empresas sólo se buscan resultados inmediatos, pero en muchas, por fortuna, hay gente dispuesta a compartir, colaborar y dejarse asesorar cuando es necesario. Y no tratemos de ser más listos que Zuckerberg en su propia casa; aquí, el que juega con las cartas marcadas es él. Así cualquiera.

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One comment

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Leo en mi copia en papel del Diccionario de la Real Academia de la Lengua la siguiente acepción de concurso: “Competición, prueba entre varios candidatos para conseguir un premio”. Y el ejemplo que ponen en esta XXI edición -…..



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