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Tú también puedes arruinar una presentación

9 junio 2011

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Saber plantarse delante de una audiencia para dar un buen discurso es todo un arte. Eso lo sabe bien Gonzalo Álvarez, uno de los mayores expertos españoles en la tarea de realizar presentaciones eficaces, que por algo tituló a su blog “El Arte de Presentar”. Ahora bien, hay muy pocos pintores capaces de exhibir su obra en un museo de renombre y muchos aficionados que pintan las paredes de su casa en las horas libres del fin de semana, y probablemente ni los unos ni los otros son capaces de desenvolverse en el terreno del contrario. Que no se me enfade el gremio de la brocha; lo que quiero decir es que ser capaz de llegar al público con un buen discurso capaz de transmitir de forma clara una serie de ideas clave y, además, no aburrir o incomodar a la audiencia, está al alcance de pocos. Si no, que se lo digan a Phil Davison, que protagonizó tiempo atrás uno de los peores discursos políticos que se haya podido ver nunca:

Hace algunas semanas, tuve la oportunidad de disfrutar de las conferencias de “Internet es Tuyo” sentado junto al gran Fernando Álvarez, al que muchos conocemos como “La Trinchera”. Como profesional del marketing, la formación y el “coaching”, sus comentarios sobre algunas de las intervenciones fueron más allá del contenido mismo de las ponencias, porque no basta estar convencido de que se tiene algo importante que decir: también hay que saber cómo hacerlo. Fernando me comentó que, en Estados Unidos, es muy frecuente que los ponentes invitados a un congreso pasen primero por unas sesiones de formación en las que se les obliga a mostrar su presentación para corregir errores, introducir mejoras y, si no queda más remedio, prescindir del propio ponente. No es para menos. ¿Te imaginas pagar cientos de euros para asistir a un congreso y tener que tragarte varias intervenciones deplorables sólo porque un patrocinador ha pagado para poner a esas personas sobre el escenario? No hace falta que te lo imagines, porque seguro que sabes de qué te estoy hablando.

Si algo bueno hay en España es que no tenemos vergüenza. Si algo malo hay, también es nuestra ausencia de vergüenza. Todo ello se traduce en que si necesitas a un ponente, nunca tendrás problemas para encontrarlo ni para convencerlo de que exponga en público, aunque no tenga la más mínima idea de cómo hacerlo. El más pintado experto en su materia se sube a la tarima con su presentación en PowerPoint. Lo malo es que rara vez hará autocrítica y se mostrará dispuesto a mejorar sus fallos de comunicación. Si tuviéramos un poco de respeto por la audiencia, trabajaríamos más este plano, y si lo hiciéramos desde pequeños, sería mucho mejor. No me termina de convencer la estética de los famosos clubes de debate de los colegios, institutos y universidades estadounidenses, pero no hay duda de que ayudan a dotar de buenas herramientas de expresión a los jóvenes que les serán de mucha utilidad en el futuro. Y eso por no mencionar la posibilidad de saber cómo romper con la timidez y el pánico al público que solemos tener.

No es mi especialidad, pero me voy a atrever a dar algunos consejos, propios y prestados, para los que tengan que enfrentarse a una presentación y estén abiertos a sugerencias. Yo también las admito, que conste:

  • Menos ideas, más calado. Si te han dado dos horas para dar un discurso, mala suerte. O conviertes tu intervención en un monólogo de “El Club de la Comedia”, o tu público despegará mentalmente hacia las capas altas de la atmósfera pasado el minuto 30. Si tienes un tiempo más razonable, no te esfuerces por contar muchas cosas en pocos minutos. Define un máximo de dos o tres mensajes fundamentales y desarróllalos bien. Serás más concreto y lograrás que la audiencia recuerde lo que has querido decirle.
  • Tu cuerpo también habla. Ya puedes tener una bella voz, que si te quedas plantado en el escenario como un marmolillo, sólo conseguirás convertirte en un blanco perfecto para un tomatazo. Tus gestos y tu disposición corporal forman parte del lenguaje expresivo. Trabaja esa faceta para que vayan en sintonía con tu discurso. Pero tampoco te pases. Procura ser natural y evita parecer un actor. Sí, hay profesionales capaces de desplegar una coreografía portentosa en el escenario coordinando gestos, muecas, diapositivas de PowerPoint y música, pero no trates de imitarlos. Pueden ser muy divertidos o asombrarte con fuegos de artificio, pero recuerda que los dramas y las comedias se interpretan en el teatro.
  • Apréndete tu presentación. Una de las peores cosas que puedes hacer, entre diapositiva y diapositiva, es decir “a ver qué venía ahora”. ¿No eres tú el que se ha trabajado la presentación? Pues que se note. Tienes que sabértela de memoria, sobre todo cuándo acaba. No puedes sorprenderte a ti mismo en una situación como ésta.
  • No dogmatices. Vas a defender tus ideas, tu punto de vista, tu análisis, pero no lo hagas como si lanzaras dogmas de fe. Los hechos son los que son, pero las opiniones sí son discutibles. Trata de mantener un cierto nivel de humildad y no avasalles a tu audiencia con tu discurso. Se sentirá incómoda y transmitirás una mala imagen.
  • No confíes en internet. Mola lo de decir que tu presentación está colgada en SlideShare, ¿verdad? Pues ni se te ocurra funcionar así al ir a dar una conferencia. Lleva tu presentación en todos los soportes físicos y digitales que puedas. Internet, en España, siempre falla. Y eso vale también para la reproducción de vídeos de YouTube. De hecho, vale fundamentalmente para este caso.
  • El chiste no es el mensaje. Un chiste a tiempo relaja y hace que la audiencia se sienta cómoda y disfrute, pero no lo metas porque sí. El conjunto del discurso tiene que tener sentido y guardar un equilibrio, pero si decides introducir chistes, recuerda lo más importante: TIENEN QUE TENER GRACIA. Si nunca te funcionó esa faceta, no lo intentes. Tu público te lo agradecerá.
  • Huye del iceberg. Cada época tiene sus clichés. Hace unos años, era la analogía del iceberg: “en este mercado, sólo vemos una parte del negocio, pero hay mucho más oculto”, y ahí se lanzaba la dichosa foto del iceberg. Más recientemente nos agarramos a los tapices y diagramas de redes sociales, que no podía faltar en una buena presentación con los medios sociales de fondo. Por favor, sea cual sea tu tema, huye de lugares comunes. Evitarás que tu público piense que lo que le cuentas ya lo ha visto antes (seguramente, así será) y esquivarás el “síndrome del vestido repetido”, o sea, cruzarte con alguien que lleva puesto lo mismo que tú.

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One comment

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Saber plantarse delante de una audiencia para dar un buen discurso es todo un arte. Eso lo sabe bien Gonzalo Álvarez, uno de los mayores expertos españoles en la tarea de realizar presentaciones eficaces, que por algo tituló …..



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