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Por favor, pirateen mis enlaces

17 febrero 2014

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El viernes pasado, el Consejo de Ministros aprobó el anteproyecto de Ley de Propiedad Intelectual que, entre otras cosas, pretende poner fin a la piratería en internet. Es difícil resistirse a la lucha contra la piratería porque el término, en sí, es negativo. Al fin y al cabo, alude a la comisión de un delito. El problema reside en que, en esta ocasión, se va a criminalizar la esencia misma de la Red: la distribución de enlaces a contenido.

Lo que la futura Ley quiere imponer es el “derecho irrenunciable” de los editores o titulares de contenido protegido a cobrar una “compensación equitativa” a “prestadores de servicios electrónicos de agregación de contenidos”. ¿Por qué? Por el hecho de que divulguen “fragmentos no significativos de contenidos” de los primeros. La traducción de todo ello es que, si una web de agregación de enlaces te enseña la patita del texto de una noticia, el autor de ésta podrá reclamarle a aquella una cantidad de dinero a cambio, incluso cuando la fuente sea la que habilita los requerimientos técnicos necesarios para que dicho enlace sea posible.

Portada de ABC sobre la LPI y la piratería

ABC mostraba su euforia por el anteproyecto de Ley en la portada del 15 de febrero

Pensemos que algo así sucediera en el mundo no digital. Imagina que a un cine se le cobrara por emitir los trailers de las próximas películas de estreno. Imagina que a los clientes de una librería se les cobrara por leer la trasera de una novela para saber de qué va el texto que se están planteando comprar. Imagina que tuvieras que pagar unos céntimos por asomarte al quiosco para leer las portadas de las revistas del mes o las primeras de los periódicos del día. Porque todo ello, incluidas esas portadas y primeras, son formas de mostrarnos “fragmentos no significativos de contenidos” para animarnos a una sola cosa: comprar para consumir el contenido completo.

El anteproyecto de Ley, del que el Ministro de Cultura nos ha hablado pero del que no consta texto oficial (sí un borrador filtrado a la prensa, por supuesto), deja algunas claves interesantes de lo que se avecina y de por qué se avecina. El objetivo no es penalizar a los buscadores, porque se hace una alusión expresa a los “prestadores de servicios que faciliten instrumentos de búsqueda de palabras aisladas” como excepción a la norma. El gran objetivo es Google News, servicio de agregación de noticias que sólo suma los titulares de los medios de comunicación que expresamente desean figurar en él. Es el objetivo no porque perjudique el negocio de los medios, sino porque tiene músculo financiero para pagar la tasa que se pretende imponer, cosa que servicios como Menéame o Bitácoras tal vez no puedan.

En efecto. La Ley busca acabar con el supuesto abuso de plataformas que se aprovechan de los contenidos ajenos para hacer negocio… aunque sean las fuentes de dicho contenido las que instalen los medios técnicos necesarios para dicho uso supuestamente fraudulento. De hecho, quien no quiera figurar en los registros de Google lo tiene tan fácil como poner la meta-etiqueta “no follow” en cada una de sus páginas. Pero no. Recordemos que el anteproyecto habla de “derecho irrenunciable”, y eso significa que te puedo tender la trampa y cobrarte por ello. Es más: parece querer decir que incluso si una fuente de contenido no quiere cobrar por el uso de esos fragmentos de texto, las entidades de gestión CEDRO y VEGAP recaudarán por su uso a su pesar. Para más dudas, merece la pena leer a David Bravo en este documento en Eldiario.es.

Ahora son los agregadores, pero ¿quién dice que no serán otros los que les sigan? ¿Qué impedirá, por ejemplo, cobrar a las redes sociales por hacer exactamente lo mismo cuando se enlaza un contenido? En algunas, hacerlo supone poder mostrar, por defecto, un avance del texto (recordemos para qué sirven las Twitter Cards, el texto editable que muestra Facebook, e incluso lo que son los novedosos pins de texto en Pinterest).

Descubrir a la medida de quién está hecha la Ley es fácil. No hay más que leer los editoriales que casi todos los medios pertenecientes a la AEDE (Asociación de Editores de Diarios Españoles) publicaron este fin de semana. Como muestra, unos botones procedentes de sus ediciones impresas:

ABC: “El anteproyecto de reforma de la ley de Propiedad Intelectual que ayer aprobó el Gobierno es un intento serio y razonado de reconocer tanto la trascendencia de la transmisión de conocimientos y de servicios a través de internet como el mérito –nunca gratuito– de quienes los crean”.

El País: “La prensa, por su parte, contará con un nuevo instrumento con el que quizá logre una distribución más equitativa de los beneficios que genera su actividad y que ahora se desvían hacia esos intermediarios que se lucran de su trabajo”.

La Razón: “…es una medida muy importante para que los editores de periódicos tengan un marco jurídico estable frente a determinados abusos…”.

Ideal de Granada: “…estamos en el buen camino para preservar la creación cultural, que amenazaba ruina…”.

La Vanguardia: “…debe entenderse en todo caso como una herramienta legítima y necesaria para defender los derechos de una industria que trabaja en favor del conocimiento y de la cultura, que supone decenas de miles de empleos y que debe mantenerse a flote venciendo además el daño producido por quienes viven a su costa”.

El enfoque está claro: la Ley protegerá a los adalides de la cultura frente a las víboras que se aprovechan de su trabajo. Poco importa que ese trabajo de agregación sea lo que canaliza millones de visitas a las webs de estos medios. Enrique Dans decía que el Gobierno ha demostrado ser “analfabeto en cuestiones digitales”. Los primeros analfabetos, por desgracia, son los medios que luchan por apuntalar desde el digital el negocio de la prensa escrita. Qué error. Si sólo le preguntaran a los propios periodistas que trabajan para ellos, entenderían lo que están haciendo.

Defiendo la cultura y defiendo la justa remuneración por el trabajo que uno hace. Pero no estoy de acuerdo en que el soporte sea más importante que el contenido, ni que la Ley se escriba para mantener un modelo de negocio que debe transitar de una vez hacia un nuevo espacio en el que no caben esquemas de hace un siglo. Si el problema es técnico, la solución también lo es: niégate a que te enlacen y pon las líneas de código necesarias para ello si así lo deseas, pero no te inventes un sistema para recaudar incluso cuando agregadores y lectores ignoran tus contenidos.

Tomo prestado aquel famoso “Por favor, pirateen mis canciones” de Nacho Escolar, y lo aplico a este contexto. Por favor, piratea mis enlaces. Te dejo que enseñes la patita a mi contenido. No me importa. No quiero cobrar por ello. Quiero que mis contenidos lleguen al máximo de gente posible y que se puedan compartir y criticar de manera abierta. Incluso si quiero cobrar porque leas este blog, algo totalmente legítimo, necesitaré que sepas qué puedes encontrar aquí para convencerte de que lo hagas. Se llama estrategia de marketing, algo de lo que carecen algunos medios. Y no lo disfracemos de defensa de la cultura porque, como se decía en “El Padrino”, son solo negocios.

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One comment

  1. Información Bitacoras.com

    Valora en Bitacoras.com: Seguir @molinaguerrero El viernes pasado, el Consejo de Ministros aprobó el anteproyecto de Ley de Propiedad Intelectual que, entre otras cosas, pretende poner fin a la piratería en internet. Es difícil resistirse a la lucha ..…



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