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Operación Palace: de la genialidad al engaño periodístico

26 febrero 2014

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A estas alturas, intentar hacer una reflexión sesuda de las consecuencias del falso documental “Operación Palace”, no tiene mucho sentido. Ya se ha dicho todo, o casi todo lo que se tenía que decir sobre la emisión del programa especial dirigido por Jordi Évole y emitido por La Sexta el pasado domingo dedicado al golpe de Estado de 1981. Como sabréis, en él se contó la falsa historia de que la intentona fue un montaje organizado por el poder político y filmado por José Luis Garci para evitar una situación real más peligrosa.

Jordi Évole

Jordi Évole

A estas alturas, repito, poco queda por contar, pero como la situación ha generado reacciones de todo tipo y me ha hecho reflexionar, quiero desahogarme aprovechando que ésta es mi casa. Para empezar, vaya por delante que no soy un gran fan del Jordi Évole periodístico. Qué le voy a hacer, pero nunca me ha gustado que el periodista protagonice la información porque le añade un sesgo dramático que resta parcialidad a la narración. Pero como provocador, comunicador y entertainer, no tiene precio. Hay que reconocer que es bueno, y en esta ocasión, nos ha hecho pensar. Aunque es posible que no en la dirección que él esperaba, ni creo que esto haya servido como gesto de denuncia. Pero para saber por qué, tendrás que resistir un poco hasta el final del artículo.

Habrá a quien le haya parecido una experiencia singular y divertida y a quien le haya parecido una broma de mal gusto; habrá a quien le haya hecho sentirse imbécil y a quien le haya dado una lección sobre la facilidad para manipular la credulidad de los públicos; habrá a quien le haya hecho ver que vivimos en un sistema que favorece los secretos de Estado más allá de lo habitual en una democracia y a quien le haya descubierto aspectos ciertos de la trama que desconocía. Unos y otros tienen sus motivos, y aunque creo que los elogios recibidos superan ampliamente las críticas cosechadas, todos tienen su parte de razón. Eso es un punto a favor de Évole.

Pero quiero repasar los principales argumentos, a favor y en contra, porque una vez reposado el programa y dejada pasar la ola mediática con la que nos ha barrido, ahora es cuando tengo más clara mi opinión.

¿Un ejemplo de propaganda mediática?

Durante los días previos a la emisión, La Sexta realizó una potente campaña anunciando la emisión del documental. Los anuncios previos daban a entender que íbamos a asistir a revelaciones jamás conocidas del 23-F sin entrar en más detalles que frases sueltas de algunos de los políticos que se prestaron a participar en la filmación. “¿Puede una mentira explicar una verdad?” era el claim con el que se promocionaba el programa. Algunos supieron leer entre líneas y pillaron por dónde irían los tiros:

Es verdad que nunca se dijo que aquello fuera una edición más de “Salvados”, ni siquiera que fuera un programa informativo. También es cierto que, cuando utilizas la franja horaria de “Salvados” y es Évole el reclamo, lo normal es que la audiencia piense que está viendo el programa de todas las semanas. Así que el engaño se apoya en otro engaño para crear las condiciones necesarias para que cuele. El experimento social fue, por otra parte, lo más interesante: probablemente ha sido la primera vez que se prueba un falso documental en horario de máxima audiencia y en un medio masivo en plena era de las redes sociales. El debate y las reacciones en tiempo real, así como el análisis de los flujos de conversación y los nodos de influencia fueron, en mi opinión, lo más interesante que nos dejó “Operación Palace”. De hecho, fue vital la colaboración inconsciente de decenas de miles de espectadores en Twitter para convencer a otros incrédulos de que aquello que se contaba era cierto… o no.

¿Un experimento sociológico?

El programa recordó a muchos la famosa emisión radiofónica de La Guerra de los Mundos por Orson Welles en Estados Unidos el 30 de octubre de 1938. Muchos lo han recordado, pero el espejo en el que se mira “Operación Palace” es “Operación Luna”, un documental genial rodado en 2002 bajo la fábula de que la llegada del hombre al satélite terrestre fue una patraña rodada por Stanley Kubrick a las órdenes de los servicios de inteligencia estadounidenses para darle en las narices a los soviéticos.

Évole replica casi todos los elementos de “Operación Luna”: los personajes históricos que participan de la broma para dar credibilidad a la historia, el argumento del cineasta involucrado, las tomas falsas al concluir para desvelar la verdad… Para algunos, fue genial que alguien se atreviera a repetir el experimento. Para mí, revela cierta falta de originalidad, porque “Operación Luna” se ha emitido varias veces en España y, sinceramente, podía haberse trabajado el guión para no repetir el esquema de su predecesor. Por otra parte, Évole, que reconoció haber tomado esa referencia tan clara, no cuenta algo fundamental: “Operación Luna” se emitió por primera vez el Día de los Inocentes en Francia (1 de abril), y los personajes que participaron desconocían el propósito del documental. Que yo sepa, el 23-F poco tiene de inocente, aunque a él le guste jugar al bufón, como ya hizo durante varios años con el papel de El Follonero.

Ahora bien, lo que ha demostrado Évole es que La 2, donde se ha emitido en varias ocasiones “Operación Luna”, no la ve casi nadie, y que el planteamiento de aquel contenido sigue siendo válido y desconcertante para el que se ve expuesto por primera vez a él. A mí me impactó el primero, y lo recomiendo no sólo porque es impecable, sino también porque fue verdaderamente original. El resto, son imitaciones.

¿Un insulto a la memoria?

Reconozco que, viendo el programa, no lo pensé, pero a la vista de algunas reacciones, me di cuenta de que aún no hemos llegado al punto en el que estemos todos preparados para reírnos del intento de golpe de Estado. Yo lo viví con apenas 6 años; recuerdo la angustia de mis padres y el hecho de pasar horas mirando por la ventana a ver si aparecían los tanques de los que hablaban (no fue así, afortunadamente, pero yo sólo pensaba en ver un tanque). Pero la cosa no pasó de ahí. Pero para muchos otros, implicados en movimientos de izquierdas o represaliados por el régimen de Franco, fue muchísimo más angustioso. Las cañerías se llenaron de carnés políticos hechos cachitos y más de uno hizo las maletas para huir a Francia. Por eso, a más de uno no le hizo gracia que se generara tal sentimiento de frustración, sorpresa e indignación durante una hora. Es posible, sin embargo, que dentro de una o dos décadas podamos hacer una parodia de este tipo y nos riamos a gusto todos, pero por ahora seguiremos encontrando división de opiniones.

¿Una forma de reivindicar transparencia?

Évole expuso que uno de sus objetivos era reivindicar la desclasificación de los documentos secretos del 23-F para aportar luz sobre aquel acontecimiento clave. Gracias a él, muchos se han enterado de que la vigencia del secreto sobre este tipo de papeles en España es de 50 años. Es mucho, sin duda. Pero tampoco me parece que no lo supiéramos y menos que lo que vaya a perdurar en la memoria de la gente sea la opacidad sobre las actuaciones de nuestros gobernantes. En mi opinión, objetivo no conseguido.

¿Una forma de confundir a generaciones futuras?

Alertaba Javier Peláez de que este tipo de documentales tiene una consecuencia nefasta para la historia: con el paso del tiempo, convierten la broma en realidad, al menos en algunos aspectos. Sucedió con “Operación Luna”, porque hoy sigue circulando en la Red que Kubrick estuvo implicado en la llegada del hombre a la Luna… sin que se recuerde que forma parte de una broma.

Es posible que, con los años, José Luis Garci compruebe que nadie le recuerda por su Oscar, ni por sus películas, ni por sus programas de televisión, sino por “Operación Palace”. El principal perjudicado o beneficiado será él y los que, dentro de 10 años, se crean sólo esta parte de la historia. Como Montserrat Caballé en el anuncio de la Lotería. Por lo pronto, el programa ha actuado como un auténtico “Google bomb”: probad a buscar 23-F en Google y veréis.

¿Una forma de alertar contra la desinformación de los medios?

Évole ha dicho: “Seguramente otras veces le han mentido y nadie se lo ha dicho”. Sin duda ha sido así. A su favor juega la necesidad que tenemos de ser críticos con la información, de aportar criterio y reclamar todos los datos y puntos de vista posibles para formarnos un juicio lo más exacto posible de las cosas. El periodismo debería ser así, pero a menudo se ve cercenado por el partidismo, por la falta de recursos y por la ausencia de fuentes contrastadas.

Ahora bien: lo anterior atañe al periodismo, no al espectador que consume el producto periodístico. De quien espero fuentes contrastadas y hechos verificados es del medio que informa, y no del que consume la información. De éste espero criterio. Si Évole nos quería decir que los medios nos pueden engañar por desidia y falta de profesionalidad, no hacía falta montar “Operación Palace”. Bastaba con ver sus antecedentes, como la que lió con el famoso falso boleto de lotería premiado y perdido en una lavadora con el que troleó a decenas de medios de comunicación.

Sí, la precariedad de los medios y la falta de profesionalidad de muchos periodistas hace que este terreno sea campo abonado para engaños y timos. Pero no nos hace falta seguir sembrando. Nos hace falta retirar la mala hierba. Si me siento a ver un telediario y me encuentro con que, al final, todas las noticias son falsas porque me quieren transmitir lo fácil que es engañarnos, ¿qué deberé de hacer al día siguiente? ¿Creer o dudar? Del periodismo espero que haga esa labor de filtrado por mí, no que me haga sentir un ingenuo por confiar en el trabajo de profesionales supuestamente preparados para ello. Pero Évole no tiene ese problema; a fin de cuentas, actúa como entertainer y no como periodista.

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One comment

  1. Información Bitacoras.com

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