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La sinceridad como elemento estratégico de la comunicación

18 mayo 2014

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¿Cuándo fue la última vez que oíste o leíste a alguien en un medio de comunicación siendo sincero? ¿Recuerdas a un personaje famoso reconocer, sin pelos en la lengua, que la había cagado, que se había comportado mal, que cometió un error imperdonable tiempo atrás, que si hubiera actuado de otra forma, las cosas habrían ido mejor, que fue un patán, que no se puede negar la realidad? Cuesta que se te venga a la cabeza un nombre, ¿verdad? Ahora, échale un vistazo a esto:

Sucedía hace un par de semanas, instantes después de la final del torneo Mutua Madrid Open de tenis de Madrid. Rafa Nadal se proclamaba campeón después de que su rival, el japonés Kei Nishikori , se retirara por lesión pese a haber ido ganando buena parte del encuentro. Delante de un público entregado y ante las cámara de televisión, el jugador español podría haber endulzado la realidad hablando de cómo estaba remontando el encuentro y recuperando las sensaciones que le habrían llevado a una victoria inevitable, con lesión o sin lesión. Pero no hubo paños calientes: su rival había sido mejor y lo reconocía.

Lo malo es que un gesto así nos sorprende. Y no de Nadal, que es el crítico más acertado de sí mismo. Nos sorprende de cualquier otro que tenga que dar la cara ante los medios porque no es habitual. De hecho, muchas veces la culpa es nuestra, de los asesores de comunicación.

En las formaciones de portavoces, se alecciona a los alumnos sobre la mejor manera de enfrentar los medios y destacar los mensajes que se quieren transmitir. Se explica cómo concretar el discurso y evitar irse por las ramas, cómo esquivar los momentos incómodos y no servir el cuello para que nos lo corten con preguntas incisivas. Pero a menudo parece que también se enseña a trucar la realidad no con nuestra visión sincera de las cosas, sino con la visión más optimista posible, así como a evitar pedir disculpas o admitir errores.

Y si nuestras palabras forman un revuelo, la culpa es de los demás, de los que interpretan, de los que sacan las cosas de contexto. Qué gran excusa ésta: “se han sacado las palabras de contexto”.

Si aplicáramos más el principio de la slow-comm” que formuló mi amigo Diego Rivera (comunicación basada en valores reales) y asumiéramos que la imperfección es un rasgo humano, llegaríamos a la conclusión de que la sinceridad es estratégica. Y terapéutica, claro.

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