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Cómo identificar expresiones machistas

19 mayo 2014

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El debate televisado la semana pasada entre los líderes de las candidaturas popular y socialista al Parlamento Europeo, Miguel Arias Cañete y Elena Valenciano, respectivamente, dejó tras de sí un único tema de conversación: el machismo. Las palabras con las que Arias Cañete justificaba en Antena 3 su intervención el día anterior, valorada negativamente por los expertos, despertaba la indignación de numerosos colectivos e incendiaba las redes sociales:

El representante del PP trataba de matizar sus palabras a través de su perfil en Twitter: “Siempre hemos creído en las mujeres, como Isabel García Tejerina al frente del ministerio de Agricultura y @mdcospedal en Castilla-La Mancha”. ¿Había sido realmente machista? ¿Cómo descubrir si un comentario de este tipo está fuera de tono? La solución es muy sencilla.

Lo único que hay que hacer es tomar al sujeto o colectivo mencionado y construir la expresión en la que se mencionó sustituyéndolo por el inverso o por otro al mismo nivel. En caso de que el resultado sea una frase ridícula, que genera rechazo porque no responde al sentir social, entonces es que el texto original también era inadecuado. Si partimos de la base de que entre ambos colectivos debe existir un principio de igualdad, la misma frase con ambos protagonistas tendría que resultar igual de correcta o incorrecta en cada caso. Pasemos a la práctica.

Tomemos las declaraciones de Arias Cañete y para darles la vuelta (aceptando que machismo y feminismo no son exactamente opuestos, de acuerdo): “El debate entre una mujer y un hombre es muy complicado, porque si haces un abuso de superioridad intelectual, parece que eres una feminista que está acorralando a un hombre indefenso (…). Un debate con la señora Sáez de Santamaría podemos dar toda la leña recíproca y decirnos todas las barbaridades [sic]. El mismo debate, con un hombre, se percibe de otra manera, y eso es verdad”. Suena arrogante, ¿verdad? Pues es muy probable que lo sea.

Vamos con otra variante: “en esta empresa, damos mucha importancia a la mujer. Es más, varios de nuestros cargos directivos son mujeres”. Probemos ahora a modificar el complemento: “en esta empresa, damos mucha importancia al hombre. Es más, varios de nuestros cargos directivos son hombres”. Seguro que no miraríamos con buenos ojos a la persona que pronunciara estas palabras.

Podemos cambiar de colectivo. Por ejemplo: “no estoy en contra de los gais; de hecho, tengo muchos amigos que lo son”; ahora, probemos a darle la vuelta: “no estoy en contra de los heterosexuales; de hecho, tengo muchos amigos que lo son”. Jamás hemos oído a alguien decir algo semejante, ¿no?

Ni lo obvio ni lo ridículo necesitaron nunca ser justificados.

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  1. Información Bitacoras.com

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