Posts Tagged ‘El País’

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El delito periodístico de ser testigo de Jehová

6 septiembre 2014

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Imagina que abres las páginas del periódico y te encuentras con un titular como éste: “Imputado un directivo de banca católico por blanqueo de dinero”. Imagina que, además, en la noticia no se dé ninguna explicación de qué papel juega la religión en el delito con el que se le relaciona. Chocante, ¿no? Afortunadamente, no es un titular auténtico. Este otro sí lo fue: “Localizado en Málaga el niño raptado del hospital por sus padres”. Nada raro, pero atentos al subtítulo: “Los padres, testigos de Jehová, fueron arrestados en Vélez Málaga”. Y en la noticia, publicada en ABC el pasado 31 de agosto, no hay ni una sola mención a qué papel juega la creencia de los detenidos en este asunto. Debe de ser que ser seguidor de esta creencia es lo que explica una actividad ilícita, ¿o no?

Ashya King y su madre, en una foto en ABC

Noticia en ABC el pasado 31 de agosto. Atención a la entradilla

La historia ya la conocemos. Un matrimonio británico se lleva de un hospital de Southampton a su hijo de 5 años, en tratamiento por un tumor cerebral, sin el consentimiento de los médicos. Su intención es someterlo en la República Checa a un tratamiento distinto al que se le iba a dar en su país. Tras la orden de busca y captura de Interpol, se encuentra a la familia en España, se detiene a los padres (posteriormente puestos en libertad) y se ingresa al pequeño en un hospital de Málaga. Todos los medios nacionales informaron con detalle de los hechos, y la gran mayoría no olvidó poner la coletilla “testigos de Jehová” a los padres. Pocos, muy pocos periodistas optaron por no hacerlo o, en todo caso, por justificar qué tenía que ver la religión en este asunto. Read the rest of this entry ?

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Diez preguntas para aclarar el escándalo de la falsa foto de Chávez en El País

29 enero 2013

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El autor de este blog no ha desaparecido. Regularmente, publica en www.mediossociales.es, pero la falta de tiempo le obliga a mantener esta bitácora en estado de espera. Sin embargo, hay situaciones, hechos, noticias, que le impiden retener a Mr Pessimist. Es el caso de la famosa foto falsa del presidente venezolano, Hugo Chávez, publicada en la primera página de El País el pasado jueves.

La falsa foto de Hugo Chávez, en la primera de El País

El diario reconoció su error, retiró de la circulación los ejemplares afectados (al menos, los que no había vendido o no correspondían a suscriptores) y pidió disculpas en la web por el suceso. Posteriormente, dio explicaciones. Primero, de forma escueta. Luego, a través del Defensor del Lector. Finalmente, hizo un relato de los hechos mediante un reportaje de sus periodistas José María Irujo y Joseba Elola. Todo muy bien, ¿verdad? Pues a Mr Pessimist le parece que no, y que tanto el reportaje como el Defensor del Lector han sido capaces de esquivar con arte y salero algunas cuestiones que al que aquí firma le parecen fundamentales y que en ningún momento se plantean los investigadores del diario.

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Padre, perdóneme por estudiar Periodismo

16 marzo 2010

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No me gusta caer en las provocaciones porque, como bien sabe Ismael Valladolid, que comparte este concepto en el título de su blog, “no tengo ni media…”. Pero la semana pasada escuché algo que hizo que saltara un resorte dentro de mí. Fue el pasado jueves 11 de marzo, durante la jornada organizada en Madrid por 4xti en la sede de CAN para presentar y debatir sobre las conclusiones del extraordinario proyecto “Perspectivas de la comunicación 2010”, un libro ideado por Wellcomm que resume en palabras e imágenes lo que nos va a deparar este sector desde sus diferentes perspectivas (prensa, formación, internet, comunicación corporativa…). Si aún no lo has descargado, todavía puedes enmendarte.

Retomo el hilo. En la jornada estuvieron presentes, junto a las principales responsables (Silvia Albert y Rosa Matías), algunos de los participantes en el libro, entre los que estaba Bonifacio de la Cuadra, veterano periodista de El País y profesor del Master de Periodismo de este mismo diario. En su intervención, aprovechó la presencia de Javier Fernández del Moral, entre otras cosas ex decano de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense y actual director académico del Centro Universitario Villanueva, para decir que recomienda a los futuros profesionales que no estudien Periodismo, y que no pierdan el tiempo con teorías, porque lo importante es la práctica profesional. Sé que había provocación sin malicia, y como tal la considero porque respeto mucho a quien hizo el comentario, pero como va siendo habitual tener que tragarse sapos así y a uno le va cansando, aquí va mi reflexión:

  • Si mi sueño es la preservación del medioambiente, ¿estudiaría Derecho pudiendo estudiar Biología?
  • Si mi sueño es ser un cirujano de prestigio, ¿estudiaría Odontología pudiendo estudiar Medicina?
  • Si mi sueño es diseñar puentes o edificios en armonía con su entorno, ¿estudiaría Telecomunicaciones pudiendo estudiar Arquitectura?
  • Entonces, si mi sueño es ser periodista, ¿por qué iba a ser un error estudiar Ciencias de la Información, Ciencias de la Comunicación, Periodismo o como se denominen los estudios según el centro que elija?

Estudié Periodismo en la Universidad Complutense con un plan antiguo que arrinconaba las prácticas, que adolecía de asignaturas clónicas según el curso y el profesor que las impartía, y que se preocupaba lo justo por los nuevos retos que el ámbito multimedia planteaba a los futuros profesionales. Pero pasé cinco años sumergido en el ambiente que quería, rodeado de amigos y colegas con la misma pasión que yo, esforzándome por aprender algo más que cómo titular: desde Derecho de la Información a Teorías de la Comunicación, Historia del Periodismo u Opinión Pública. Traté, en definitiva, de convertirme en un profesional de la Comunicación, sin voluntad de apropiarme del derecho a la información, pero con la intención de poner lo máximo de mis conocimientos al servicio de  ejercer bien dicho derecho. Otros deben arrepentirse de su papel como formadores, y algunos más, del mal uso o escaso aprovechamiento de los recursos públicos. Yo no me arrepiento de la decisión que tomé, y me siento orgulloso de ello.

* Anotación final: Bonifacio de la Cuadra puso como ejemplo de su planteamiento a Javier Moreno, actual director de El País, alumno de su Master y licenciado en Ciencias Químicas. Ejemplo curioso, porque la formación científica de Moreno no le sirvió de mucho para ejercer, durante años, de becario y periodista… de Economía.

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El medio no debería ser el mensaje

10 marzo 2010

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Siempre he pensado que Marshall McLuhan estaba muy equivocado. Todos los que hemos estudiado Comunicación, y buena parte de los que no, conocemos su popular afirmación “el medio es el mensaje”, que resume su fascinación por la evolución de los soportes culturales y la preponderancia que les daba sobre la propia información. A McLuhan, claro está, hay que entenderlo en el contexto de los años 60, donde revolucionó el mundo académico con su visión de los formatos electrónicos ante un público abierto y comprensivo a las teorías de la manipulación mediática (“el medio es el masaje”, se diría después).

Cuando antes decía que siempre he pensado en lo erróneo de McLuhan me refería a que nunca he considerado acertado pensar que es el soporte el que define el contenido hasta el punto de ser la información. ¿Es más relevante la información transmitida por un medio online que la que se puede encontrar en un medio en papel? ¿Da mayor credibilidad el soporte digital? ¿Es cierto que al lector le importa más el contexto que el contenido? En mi opinión, no. Otra cosa es que, ante las necesidades y las circunstancias concretas de los públicos en un momento dado (como el que vivimos), sea más adecuada y conveniente la transición a nuevos formatos que nos permiten ampliar las posibilidades en torno a la información e incorporar una posibilidad tan diferente, creativa y constructiva como la interactividad y el diálogo con los lectores. Estos pasan de ser receptores pasivos a actores que valoran y complementan la información, y eso tiene que ser bueno por fuerza.

Este desfase teórico tiene su motivo. El periodismo vive uno de los momentos más complejos, apasionantes y dramáticos de su historia. En los últimos meses, hemos asistido al cierre de numerosos medios, al despido de miles de profesionales (buena parte de los cuales, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que un ERE abarata los costes, eran profesionales veteranos… y más “caros” de mantener) y a la redefinición de modelos de negocio. Internet se vio como la amenaza primero, la causante de las desgracias después, y la solución posterior.

Dejando a un lado el debate sobre si hay que cobrar o no por los contenidos, me interesa el hecho de que los grandes grupos editoriales se hayan arremangado para jugar, con toda la decisión de la que son capaces ahora, la baza del mundo digital. El Mundo acaba de presentar Orbyt, su apuesta por los contenidos de pago en internet; El País y ABC se lanzan a fusionar, de alguna manera, sus respectivas redacciones en papel con las digitales; surgen nuevos medios en la Red, desligados de cualquier otra iniciativa previa sobre soportes clásicos… Pero hay algo que me falta.

Entre tanta interactividad, contenidos multimedia, integración con redes sociales, comunidades online, contenidos generados por los usuarios, periodismo ciudadano, agregación de noticias, blogs y valoración de contenidos, me falta escuchar que lo primero que tiene que dar sentido a todo es la calidad y la relevancia de la información. Sin buenos profesionales del periodismo que sostengan este gran armazón técnico, los medios se quedarán en un gran castillo de fuegos artificiales en el que importa más la apariencia estética que las historias que se cuenten. En medio de este escenario, corremos el riesgo -realidad en muchos casos- de que el periodista tenga que convertirse en un “profesional-para-todo” que tiene que controlar HTML, edición de vídeo y retoque fotográfico antes que saber informar y plasmar por escrito, en audio o en imágenes el fruto de su trabajo. Luego nos quejaremos de que leemos en todos los medios la misma información, de que el valor añadido sólo reside en si podemos o no enviar por Twitter un titular, y de que nadie está dispuesto a pagar por lo mismo a lo que puede acceder en abierto en otro medio. Natural. Yo creía que McLuhan estaba equivocado, pero lo veo reflejado en muchos proyectos. A ver si va a resultar que el bobo soy yo…

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