Posts Tagged ‘portavoz’

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Cómo crear una crisis de comunicación

12 octubre 2014

Si no fuera un tema tan serio, seguro que el maestro Enrique Alcat, se sonreiría con la elegancia que le caracterizaba. Como, por desgracia, la situación generada por el primer caso de ébola producido en España es una cuestión para no tomarse a risa, lo que me toca lamentar es que no tengamos al mayor experto que hemos tenido en comunicación de crisis. Sin duda, Alcat habría sido una ayuda inestimable para orientar por la senda correcta a tanto patán como hay suelto en las Administraciones y organismos sanitarios de este país tomando decisiones equivocadas para informar a la población.

Rueda de prensa del Consejo Interterritorial de Salud

El Consejo Interterritorial de Salud, informando (o eso intenta) sobre las medidas para gestionar la crisis del ébola en España – Foto: Ministerio de Sanidad

No voy a hacer de Enrique Alcat. Ya me gustaría llegar a su altura. En su lugar, no voy a entrar a discutir las medidas de seguridad,  si los trajes son los adecuados o no, si se siguen los protocolos de la OMS o si deberían actualizarse. En su lugar, voy a tomar como referencia la manera en que se está afrontando el problema del ébola desde el punto de vista de la comunicación para que aprendamos qué es lo que hay que hacer para provocar el caos informativo: Read the rest of this entry ?

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La sinceridad como elemento estratégico de la comunicación

18 mayo 2014

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¿Cuándo fue la última vez que oíste o leíste a alguien en un medio de comunicación siendo sincero? ¿Recuerdas a un personaje famoso reconocer, sin pelos en la lengua, que la había cagado, que se había comportado mal, que cometió un error imperdonable tiempo atrás, que si hubiera actuado de otra forma, las cosas habrían ido mejor, que fue un patán, que no se puede negar la realidad? Cuesta que se te venga a la cabeza un nombre, ¿verdad? Ahora, échale un vistazo a esto:

Sucedía hace un par de semanas, instantes después de la final del torneo Mutua Madrid Open de tenis de Madrid. Rafa Nadal se proclamaba campeón después de que su rival, el japonés Kei Nishikori , se retirara por lesión pese a haber ido ganando buena parte del encuentro. Delante de un público entregado y ante las cámara de televisión, el jugador español podría haber endulzado la realidad hablando de cómo estaba remontando el encuentro y recuperando las sensaciones que le habrían llevado a una victoria inevitable, con lesión o sin lesión. Pero no hubo paños calientes: su rival había sido mejor y lo reconocía.

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Comunicar con palos en las ruedas

7 junio 2010

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No estamos para esto. No debería de formar parte de nuestro trabajo. Y sin embargo, en muchas ocasiones, nos encontramos con empresas o con compañeros de profesión que acuden a lo que podemos llamar “técnicas de agotamiento” para lograr objetivos más que discutibles en comunicación. ¿Para qué sirven? Para evitar la publicación o difusión de determinadas informaciones sin que sea necesario acudir a amenazas al periodista o al medio (algo muy poco frecuente, por fortuna), o proporcionar información sesgada o directamente falsa. No siempre consiguen su objetivo, pero a veces se aprovechan de la falta de tiempo de los profesionales de la información para cansarlos y lograr que desistan de sus propósitos. Veamos tres mecánicas diferentes:

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Comunica sin mí

1 marzo 2010

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La gestión por objetivos es uno de los mantras del actual mundo de los negocios. Lo importante es el resultado obtenido, o sea, lo que permite determinar que se ha cumplido el objetivo. Cómo llegues hasta él suele traer sin cuidado. El concepto es genial, porque hace que toda la presión recaiga en el que ejecuta la estrategia que un lumbreras ha puesto por escrito antes de pararse a pensar si las metas establecidas son posibles, o si al menos son viables los mecanismos para alcanzarla.

En el ámbito de la comunicación, también se está trabajando por objetivos. Últimamente, de hecho, hay quien contrata los servicios de agencias o profesionales autónomos bajo esa exclusiva premisa: si se alcanzan los resultados, cobras; si no, te quedas a dos velas después del esfuerzo.

El problema es que una empresa que participa, de forma voluntaria, en el juego de la comunicación debe asumir su parte de tarea en la labor de dialogar, ya sea con los medios, ya sea con sus clientes. ¿Por qué? Porque hay cosas en la vida que nadie puede hacer por ti. Además de esas situaciones en las que estás pensando con una media sonrisa (y yo también), se me ocurre, por ejemplo, que nadie puede suplantar a un directivo en una entrevista para un canal de televisión, y que, menos aún, no puede despachar al periodista con un “es que estamos muy liados; que nos pasen las preguntas por cuestionario”. Bueno, poder se puede. Otra cosa es que se deba hacer.

Sin embargo, para muchos directivos al frente de compañías o de departamentos clave de las mismas, la comunicación es algo necesario, pero que es mejor que se desarrolle sin su concurso. “¿No puede hablar otro?” “Uff, que me llamen a las 20:00, que antes me resulta imposible.” “Tengo veintisiete reuniones consecutivas. El periodista tiene que entender que no puedo ponerme.” El periodista puede entender muchas cosas, pero no que sea la empresa, aunque sea través de la agencia, la que ofrezca información u opinión acerca de un tema de interés, y luego no facilite el contacto con un portavoz. Para eso, no des la brasa a nadie. El tiempo es un recurso escaso que no le sobra a nadie, y menos a los profesionales de los medios.

Si estás planteándote hacer comunicación, pero el único esfuerzo que estás dispuesto a hacer es reunirte con tu agencia para marcar objetivos y abonar las facturas a finales de mes, piénsatelo dos veces. “Voluntad” e “implicación” son dos palabras a las que tendrás que acostumbrarte.

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El portavoz que no quería comunicar

22 febrero 2010

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La semana pasada, Sara Moreno, que gestiona el magnífico agregador de contenidos sobre periodismo y relaciones públicas Comunícatelo, preguntaba en Twitter qué hacer cuando el portavoz de una empresa tiene pánico a los medios. La cuestión dio lugar a un intercambio de opiniones, sugerencias y experiencias que, ante la limitación de los 140 caracteres, apenas pudo ir más allá de unos cuantos comentarios. Si en algo estábamos de acuerdo es en que las anécdotas que acumulamos podrían dar de sobra para un libro sobre el tema. Ahí va mi aportación:

“Érase una vez un portavoz que no quería comunicar. No es que careciera del más mínimo interés por su compañía (de hecho, era su fundador y director general), sino que no quería ser el que diera la cara ante la prensa. “Mal negocio”, le dijeron desde su agencia de comunicación. “Eres el máximo responsable de la empresa, y para ciertos temas, tú eres la persona que debe dar las explicaciones”, le recordaron.

El directivo era consciente de su responsabilidad, y también de que le encantaba ver a su empresa destacada en revistas, periódicos y programas de radio y televisión. Pero eso de tener que sentarse con un periodista para explicarle la trayectoria de la compañía y la suya propia era algo que le superaba. Le aburría repetir los mismos argumentos, volver a contar que pertenecía a un mundo muy alejado de la gestión empresarial, aprender cifras para dar respuestas técnicas… Consideraba que no estaba hecho para eso y que no entraba en su salario.

El desagrado por ejercer de portavoz terminó convirtiéndose en pánico, o en pánico y desagrado a partes iguales cuando era consciente de que no podía eludir el momento trágico de la entrevista. Si no podía encasquetar la tarea al director de Marketing -“Hombre, a ti qué más te da, si te lo sabes mejor que yo”-, optaba por una política de hechos consumados, esperando hasta el último minuto para descolgarse. Unas veces se negaba a salir de su despacho, y otras prefería no presentarse, alegando algún tipo de avería con el coche o una inesperada reunión de última hora con un cliente.

El perjudicado más inmediato era el periodista, que tenía que conformarse con hablar con quien no tenía interés en hacerlo, sobre todo porque era la empresa la que, a través de la agencia, le había propuesto el tema o la entrevista. A largo plazo, la perjudicada era la propia empresa, que se veía lastrada por el nulo interés en comunicar de su máximo responsable, dejando que en la foto del sector su visibilidad fuera mínima frente a otros competidores no siempre tan relevantes pero más participativos.”

Ojalá que todo lo anterior hubiera sido una historia ficticia. Eso significaría que nunca me puse colorado por dar increíbles explicaciones para cancelar entrevistas, o que jamás me reclamaron resultados imposibles por no disponer del portavoz adecuado.

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